Mi nombre es Mariana, Federica Miross es mi nombre de artista. La razón por la que uso un seudónimo tiene una larga historia (aquí te dejo la liga a la historia de Federica Miross).

Escribir una biografía de uno misma es un tanto obstentoso, trataré de rascar mis logros modestamente.
Soy Mexicana, soy Alemana. Escribo cuentos para niños y niñas, trayendo en ellos las esquinas de México y Latinoamérica.
En el lado personal, soy madre de dos adolescentes increíbles: Lilibeth, 17 y Alejandro, 16 y, estoy casada con un maravilloso hombre, Ste, alemán con corazón mexicano.
Durante las mañanas me pongo mi traje de Gerente de Proyectos y coordino a equipos talentosos creando nuevos productos; por las tardes me convierto en escritora, que para mí es escuchar y traducir lo que escucho al papel, y crear libros bellos (madre soy 24/7).
Creo que no sólo «lees» un cuento, sino que encuentras un pedacito nuevo de ti que no conocías antes, encuentras un espejo. Los niños deben soñar, encontrarse, imaginar, experimentar. Los libros los inspiran a cada una de esas cosas.
Mi misión es inspirar a los niños a que devoren libros, y con ello lograr un mundo mejor (un libro a la vez).
Crecí en México, el cual dejé con muchas lágrimas y el corazón dándome jalones en 2003, desde entonces vivo en Alemania.
Crecí sabiendo que el multiculturalismo y el bilingüismo eran normales. Aunque crecí en Morelia, mi familia tiene miembros de USA, Inglaterra, Alemania y Venezuela. Además, mis padres tienen amigos austriacos, estadounidenses y de otras esquinas del mundo. Y para echarle un poquito de más dulce, en casa se le daba la bienvenida a jóvenes de intercambio.
También de mis padres y abuelos, llevo en la maleta el arte, la música y los libros, que nos rodearon siempre. Morelia es una ciudad sumamente cultural, así que crecí yendo a conciertos clásicos, de jazz, o de Ópera.
Me gustan casi todos los géneros de música, pero mi favorito es el rock & roll de los años 50-60, cuando era joven, esas eran mis fiestas favoritas, y tenía yo un compañero que sí sabía bailar, hoy sé cuánto lujo fue.
Desde pequeña quise ver el mundo, y se me han presentado oportunidades para conocerlo, además, he trabajado con equipos internacionales desde hace más de 25 años, cosa que ha enriquecido mi vida dándole color.
Viví temporalmente en College Park, MD, en Porto Alegre, Brasil, en Windsor, Inglaterra y en Strassbourg, Francia. Cada uno de esos lugares son un hogar para mí, aunque tengo mucho de no visitarlos, me brillan los ojos al pensar en ellos.
Hoy vivo cerca de Bremen en Alemania, en un pueblitito de unos 1000 habitantes, y soy muy feliz. Los alemanes, son un pueblo de personas dedicadas, responsables, dispuestas a echarse la mano unas a otras. El humor alemán es tan diferente al de México, y obviamente hay cosas que aún no entiendo.
Al llegar mis hijos, sin darme cuenta, se volvió una misión acercarlos a sus raíces mexicanas. Dediqué su infancia a enseñarlos a jugar «Pégale la cola al burro», «Lotería», puse en práctica mi conocimiento de hacer piñatas, así que cada cumpleaños hubo una, bailamos y cantamos las canciones de cri-cri, y aprendí a cocina pozole, carnitas michoacanas. Aunque no conseguía libros en español infantiles, les traducía los que leíamos al español.
Me di cuenta de lo importante que es para mí heredarles su identidad mexicana. La comida, el idioma y el conocer sus esquinas. Y creo que habemos muchos como yo, expatriados buscando recursos para que nuestros hijos se sepan mexicanos o latinos.
Ojalá que te guste lo que está escondido en las páginas de Federica Miross y me sigas, me comentes qué te gusta.
Con cariño,
Mariana

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