El castillo de Bellavista

La reina más bella del mundo, segunda y última parte.

Aquí la liga a la primera parte, tres amigas tienen el sueño de hacer un baile para el pueblo.

Después de semanas de probar, aprender, coser, armar, bailar, los preparativos estaban por fin listos. El gran día llegó.

Como el castillo no iba a abrirse, por lo menos ellos creían que la nueva reina escogida lo iba a abrir por primera vez; decidieron hacer la celebración en la plaza del pueblo. Los jardineros del reino fueron invitados a decorar con flores del mismo jardín del castillo para que todos sintieran que estuvieran dentro del palacio.

Muchas mujeres, jóvenes y no tan jóvenes, se presentaron como candidatas al reino. Todas estaban tan elegantes, y una más hermosa que la otra. Hasta Analisa, todos los que la vieron pasar afirmaban que tenía algo que la hacía verse muy distinguida, aunque no era su belleza. Las señoras sabias del pueblo (otra manera de denominar a los viejitos), decían que se veía muy “simpática”, pero la verdad es que Analisa se había ganado el corazón de todos, hasta causaba algo parecido a envidia entre las chicas jóvenes del pueblo.

Lo más interesante es que a Analisa el no ser tan bella que las demás, no le molestaba en lo absoluto. Ella siempre andaba con una sonrisa de par en par que conquistaba a cada persona.

Los sabios del pueblo” (ya sabes de quién estoy hablando), “decidieron 5 características que las candidatas tienen que demostrar para ser dignas de reinar…” pronunció el coordinador del pueblo.

uno, poder de la comunicación, que incluye poder pararse en público sin perder la calma;

dos, el poder de escuchar, eso es siempre estar atenta y no quedarse dormida durante un discurso aburrido;

tres, simpatía, que es el poder de entendimiento de los problemas y situaciones de las otras personas;

cuatro, gracia, que es el poder de ser elegante tanto físicamente como en el espíritu, y

cinco, conocimiento, tanto por lectura y atención en la escuela como de saber sobre la realidad del reino y sus alrededores”, concluyó.

Así pues, se hicieron varias estaciones, como en una kermés, sólo que aquí no compraban golosinas sino que tenían que presentarse las damas a mostrar sus habilidades.

En las estaciones tenían que hablar sobre lectura; confrontarse con una serie de preguntas, escuchar a personas y sus conflictos, o discutir con los sabios sobre algún tema interesante y, finalmente, en el baile tenían que demostrar su habilidad tanto de gracia aguantando el trajín y demostrar su nivel de presentación con el compañero de baile.

Analisa que no tenía vela en el entierro, eso es que no se presentó como candidata, se divirtió muchísimo. Bailó con mucho gusto tanto con los niños como con los caballeros. Se la pasó subiendo y bajando, ayudando aquí o allá, especialmente a todas las candidatas con sus vestidos, o sus arreglos, ensayando con ellas antes de presentarse en alguna de las estaciones.

Analisa consolando a una candidata

Después de presentarse en alguna estación, las damas venían y la abrazaban si salía todo bien o encontraban un hombro para llorar en Analisa cuando las cosas no salían como lo esperaban. Siempre un abrazo y su sonrisa las ayudaba a tener esperanza o paz, según lo necesitaran.

¡Ah! Fue un día que se convirtió en historia y muchas leyendas se contaron sobre él.

Lentamente la fiesta se fue convirtiendo en un evento de suspenso, cada minuto que pasaba se acercaba la posibilidad de haber encontrado a una reina que pudiera romper la magia del castillo y devolverle al reino los días de pompa. Todos gozaron del evento, desde niños hasta adultos, pero todos tenían curiosidad.

Sólo había una cosa que los había hecho a todos tristes, Analisa había decidido partir. Como ya había acabado todo el gran volumen de vestidos que coser y había tenido la oportunidad de conocer a las personas del reino, decidió seguir su camino.

Había viajado por muchos pueblos trabajando en lo que podía, aprendiendo a apreciar cada una de las personas, dejando muchos amigos por todos los reinos y además conocía muy bien las cosas que eran importantes de cada lugar donde había trabajado.

Esa misma noche partió, con lágrimas en los ojos y pañuelos al aire, salió del pueblo.

De todas las grandes damas que tuvieron la valentía de presentarse como candidatas, dos quedaron al final como las favoritas, los jueces no se podían poner de acuerdo cuál de ellas debería reinar.

La prueba final, decidieron, tendría lugar al día siguiente frente a las puertas del castillo, esperaban que el mismo castillo escogiera a la reina de entre las dos finalistas.

Analisa llegó entrada la noche al mismo lugar abandonado donde había pernoctado al entrar al pueblo, como le había funcionado decidió volver a usarlo de refugio. Abrió la puerta, se quedó dormida de inmediato sobre el ya conocido sofá.

Al día siguiente despertó alarmada, afuera de su refugio parecía haber una multitud discutiendo muy fuerte y ¿podía ser, llorando?

Lentamente e intentando escuchar las palabras que venían desde afuera, Analisa caminó hacia la puerta y la abrió con cautela.

Un silencio la recibió.

Los presentes estuvieron varios minutos como congelados.

El coordinador del pueblo se rascaba la cabeza; nuestras amigas que habían tenido el sueño de la fiesta, tenían las manos sobre la boca y los ojos abiertos de par en par; las dos ganadoras tenían el rostro lleno de lágrimas y la miraban con asombro.

Analisa encontró la mirada de la costurera que tenía las manos sobre la cadera y ¿podría ser, una sonrisa de oreja a oreja?, Analisa le sonrió.

¡Qué viva la reina Analisa!”, gritó uno de los presentes, algunos repitieron “¡Qué viva!”; ¡Qué viva la nueva reina de Bellavista!”, entonaron varias voces y ahora todos los presentes contestaron “¡Qué viva Analisa, reina de Bellavista!”.

Analisa estaba tan sorprendida que dejó de sonreír. La costurera le hizo la señal de que se diera la vuelta, cosa que Analisa hizo muy despacio.

Su refugio había sido el mismísimo castillo, que sin tanta pompa la había reconocido por su belleza interna como la heredera del trono.

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