La hora mágica

Son las seis de la mañana de un domingo como cualquier otro. Daniel está despierto. Ya le dio una vuelta a su revista favorita sobre ninjas, ya les echó un ojo a los dibujitos de un libro, no le gusta mucho leer, y ya revisó su colección de tarjetas, cambiándolas de lugar.

Sus papás y su hermana siguen dormidos. Todos los fines de semana es lo mismo, Daniel es “el ave tempranera” o “el camarón que la corriente no se lleva” de la familia, los demás son más bien búhos.

Algunas veces le molesta ser diferente, se siente alíen. Una vez su papá le preguntó “¿Cómo le hacemos para que duermas más?”, sintiéndose más ajeno que nunca Daniel le contestó “¡Qué voy a saber yo, tengo 7 años!”.

Daniel lo ha intentado, por amor a su familia y por sentirse parte de ella. Se ha ido a dormir más tarde, nada; se ha ido a dormir más temprano, nada; ha intentado escuchar algo aburrido por las mañanas para volverse a dormir, nada.

Su mamá le dice enfrente de todos, “Amor, siempre has sido así, desde que eras así de chiquito”, mientras con las manos ligeramente separadas le muestra que tan pequeñín era, “te me dormías en los brazos y tempranito estabas pidiendo tu lechita”.

Aprendió a entretenerse hasta que la casa despierte un par de horas después. Normalmente escucha un cuento mientras se acurruca un ratín más entre sus sábanas; después se sienta en el piso a  jugar con sus coches, sus Legos, sus naves espaciales… A veces sus papás y su hermana duermen tanto que le da hambre.

Cuando era más pequeño caminaba directo a su mamá y le decía “hambre”, ella se levantaba y le hacía de desayunar, leía con él o jugaba con él.

Tiene varios años que ya no lo hace, la deja dormir, creyendo que le molesta levantarse tan temprano o tal vez dándose cuenta de que el humor de su mamá mejoraba si podía descansar los fines de semana.

Pues hoy, este domingo, no es diferente que los otros. Todos duermen en la casa, hasta el perrito, excepto Daniel.

Lo primero que hace es levantarse e ir al baño. Regresando se acuesta nuevamente y pone un Audio Libro que aún no ha terminado.Después de unos 20 minutos ya está inquieto, así que se levanta y se va hacia los Legos y una caja de cartón que su mamá le regaló para hacer una rampa. Decide mejor hacer un túnel.

En su cuarto hay un sofá cama para cuando sus amigos vienen a dormir; lo mueve un pelito lejos de la pared, coloca la caja atrás y le abre los dos lados; para darle el último toque lo tapa con una cobija, “¡Ja ja¡ Nadie sabe lo que hay atrás”, exclama Daniel doblando los brazos como si quisiera mostrar sus músculos.

Después coloca unas cajas de manera que hace una rampa de un lado del túnel. “prrrr…. Zzzz…..pomporrón”, hacen los coches. “¡WoW, qué bien voló el auto”, exclama emocionado.

Ahora, ¿Qué hace? Está construyendo con sus bloques de Lego algo… “Aquí pongo una pieza, acá otra… no esta no funciona… ok ésta de aquí… ahora lo conecto al botón… que tiene que ser rojo… ¡Tarán! Quedó lista la catapulta Daniel 300….”

Daniel pone un coche sobre su construcción, comienza anunciando como comentarista de deportes “Esta es la carrera de salto más famosa del mundo. Espectadores han venido de lejanos países para ser testigo del gran salto… comienza el conteo de regreso…. 10, 9, 8, 7, 6, 5, 4, 3, 2, 1…

plup”, hace el botón, el auto no dio salto alguno.

“mmmm…. Debajo del botón parece todo estar conectado… aquí bajo el coche… ¡Ajá, lo tengo!”, exclama finalmente el niño reparando su catapulta Daniel 300. “Ahora comienza el conteo nuevamente… 5, 4, 3, 2, 1…

clic”, hace el botón.

plum“… hace la catapulta Daniel 300

zzzzzzzz… plam, plam… brrrr….plam, plam, plam… pac …”, Silencio.

Daniel está hincado con los ojos como platos; frente a él está aún el botón rojo, pero es enorme, Daniel apenas alcanza estirando una mano la superficie del bloque donde está construido.

Todo se hizo enorme.

¡Hola Daniel!”, dice una voz suave y melodiosa detrás de él, metiéndole un buen susto.

Daniel se volteó abriendo aún más los ojos. La voz le pertenece a una chica de su tamaño, con cabellos rizados y rojizos como un tomate. Su sonrisa despliega dientes blancos, sus ojos entre café y verde brillan con ese relámpago de travesura que muchas veces los niños muestran.

Con las manos en la cintura y viendo a Daniel directo a los ojos dice, “Pensé que podíamos probar algo nuevo para tus horas mañaneras, ¿Qué te parece?”, le preguntó la chica.

Daniel que está ahora no solo con los ojos super abiertos, pero la boca se había reunido al gesto también, parece no encontrar la voz.

… veo que estás muy impresionado… yo soy Edrielle, soy un hada. Vengo aquí todas las mañanas a verte jugar, te inventas unos juegos muy divertidos”, le explicó la chica como si se conocieran de siempre.

…no… no …. ¿No estoy soñando entonces?”, tartamudea Daniel encontrando la voz.

Ja, ja, ja… ¡Qué simpático eres!”, se rie el hada, “claro que no. Mira ven, te doy un paseo por tu propio cuarto”, moviéndose al mismo tiempo que jalaba de la mano al chico.

Parecía un cuarto completamente diferente. De hecho, parecía más una ciudad. Por donde iban caminando Edrielle le iba contando de sus propios juegos que más le habían gustado.

“Aquí es donde hiciste la muralla que los Ninjas tenían que derrumbar…. Aquí está todavía el cuarto del dinero, ¡Mira cuán ricos son esos reyes!… acá está el auto convertible de tu ninja favorito…. por acá está el traje-robot…. Mira le falta un brazo… ¿Lo perdiste?

No le falta un brazo… lo perdió en una batalla y ahora lo tiene que recuperar”, dijo finalmente indignado Daniel olvidando su estado abobado.

Ah… eso no lo entendí muy bien…”, confesó Edrielle mirando al chico con ojos de angustia, como cuando alguien confiesa una travesura.

Sí mira, su brazo contiene todos los secretos que usa el traje para usar todo su poder… los bandidos de la cueva se lo llevan para que no pueda luchar… entonces ahora lo tiene que recuperar de ellos, ¿Ves?”, le explicó Daniel.

¡WoW! La aventura es aún más emocionante”, le contestó Edrielle con las manos entrelazadas frente a su pecho y los ojos brillantes de emoción. “¿Qué podemos hacer hoy?

Espérame… primero explícame otra vez por qué todo se hizo grande y quien eres y a que la giras”, dijo Daniel con los brazos cruzados.

Primero, no se hicieron las cosas grandes, yo le dí poder a tu botón para hacerte pequeño. Y Ya te dije, soy Edrielle, el hada”, contestó el hada girando los ojos

Aaaajá, Y de dónde nos conocemos o por qué llegaste a mi cuarto?”, continuó con el interrogatorio el chico.

!Ah! esa es una historia muy bonita. Cuando eras un bebé llegué a sentarme en tu ventana resguardándome de la tormenta. Escuché a tu mamá cantarte y darte ese monstruo con todos los botones… ¿Aún lo tienes?”, Le contó el hada mientras que Daniel ponía ojos de plato otra vez..

¿En verdad? ¿Conoces a botones?”, el chico salió corriendo hacia su cama, desde el piso le señaló arriba bajo la almohada un pedacito de tela; el hada echó a volar jalando con todas sus fuerzas a botones…

Pues yo le di vida a los botones para que tuvieras sueños hermosos…”, dijo ella dejando caer a botones cubriendo a Daniel por completo debajo de su tela. “Desde entonces vengo a verte muy seguido. Un día mientras volaba temprano me di cuenta de que estabas despierto y jugando solito. Te vi jugar y me divertí muchísimo viéndote. Ahora vengo todos los días y me quedo un ratito contigo y luego sigo a hacer mis deberes”, terminó Edrielle.

¿Y por qué nunca me habías hablado antes?”, preguntó Daniel gateando para salir de debajo de botones.

La verdad es que no me había atrevido, las hadas también somos penosas”, dijo Edrielle sonrojándose.

¡Qué bueno que te animaste hoy!”, finalmente dijo Daniel dándole la mano a su nueva amiga, “¡Vamos a correr autos!”

Así los dos amigos corrieron a subirse a los coches y a brincar por la rampa recién construida, volar sobre la catapulta y viajar por el túnel.

En el túnel hicieron carreras a ver quien llegaba primero del otro lado. Comentando qué cambios le debían hacer para que aún estuviera mejor. “Vamos a ponerle una cadenita de luces, de esas que tu mamá pone para Navidad”, le sugirió el hada.

¿Ahora qué hacemos?”, preguntó Daniel después de haber dado algo así como 20 vueltas.

¿No te encantaría probar el campo de entrenamiento de los ninjas?”, preguntó su nueva amiga.

¡Oh Si!… y a que luchamos contra los malos”, así se fueron a entrenar. Después de un rato al equipo de entrenamiento, Edrielle tronó sus dedos y varios ninjas vestidos de color negro se pararon sobre las paredes y la entrada del templo.

Los dos amigos dieron patadas, giraron y golpearon como ninjas, hasta que los invasores fueron enviados para afuera o de plano hasta debajo de la mesa donde estaba el templo.

“¿Vamos a tomar algo al comedor?”, invitó Daniel a su amiga, guiándola por una zona destruida del templo y llevándola hasta un cuarto con mesa y bancos.

¡Uf! Tu mamá tiene razón tienes que limpiar aquí”, dijo Edrielle mientras soplaba el polvo del banco sobre el que se quería sentar.

¿Qué quieres tomar?,¿Té?”, Daniel le ofreció a Edrielle sabiendo que eso es lo que toman los ninjas.

Sí claro”, le contesta la chica.

Aquí tienes”, le dijo Daniel.

Tomando las tazas llenas de un líquido cuagulado, dijeron “por nuestra hora mágica” y se llevaron las tazas a los labios, al mismo tiempo que Edrielle tronaba los dedos nuevamente. El líquido falso, se convirtió en un té real y maravilloso.

Así se sentaron platicando sobre sus aventuras del día de hoy e intentando conocerse mejor. De repente, oyeron pasos en el pasillo, mientras alguien cantaba “Buenos días, buenos días, hora de empezar el día… ”.

¡Es mamá!”, dijo Daniel parándose de un brinco, “no tarda en entrar al cuarto y si no me encuentra….”.

No te preocupes, dame la mano”, le dijo su amiga tranquilizándolo. Al tomarla lo llevó volando hasta el botón rojo y grande, sobre el cual aterrizaron.

Prrrrrruuuummmm…..hum hum hum”, Silencio. Daniel es un niño de tamaño normal, sentado frente al botón nuevamente.

Buenos días, mi amor, ¿Cómo dormiste?”, dijo una voz desde la puerta.

Bien mamá” Contestó el chiquito sonriéndole a su mamá desde el piso.

¿Tienes mucho tiempo despierto?”, continuó preguntando ella.

Sí, desde las seis”, dijo Daniel

¿Qué estuviste haciendo?

“mmm… jugando”, dijo el niño vacilando un poco.

¿Tienes hambre?

¡Sí!”, contestó Daniel dándose cuenta cuánta hambre tenía.

Ahorita bajas, ¿Se te antoja una lechita, un huevito y pan tostado?”, preguntó finalmente su mamá y salió cuando Daniel asintió con la cabeza.

“Edrielle, ¿Dónde estás?”, preguntó Daniel. Desde el túnel se escuchó una voz “Aquí estoy, ¿ya se fue tu mamá?”,

Bien, ¿nos vemos mañana en la mañana? Ahora me tengo que ir”, dijo dándole una mano en forma de despedida.

Aquí te espero”, dijo Daniel con una sonrisa y dándole un apretón de manos.

Daniel se quedó viendo como el hada salía por la ventana pensativo, “Ya no me preocupa más ser diferente. De ahora en adelante es una bendición, tengo un mundo sólo para mí… claro y Edrielle“.

Mamá ¿me ayudas a barrer mi cuarto?”, dijo el nene para sorpresa de su madre, añadiendo, “hoy voy a rearmar los edificios rotos de mi ciudad!Ah! ¿Me prestas una de esas extensiones de luz que prenden con pila?”….

Para ti, de

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