Las cuatro amigas y su antipatía hacia los chicos

… No te puedo delatar sus nombres, no vaya a ser que las conozcas, vayas a querer unirte y hacer un grupo tan grande de manera que los chicos no tengan chance…

Les voy a poner Li, Eli, Ina y Ana.

Estas cuatro chicas son tan reales como tú y como yo. Su relato es tan divertido y hermoso como es curioso y un tanto extraño.

No sé realmente en qué momento decidieron levantarse en contra de los chicos. ¿Fue en la primaria?, ¿Tal vez en la secundaria?, ¿Los chicos les hicieron algo o simplemente un día decidieron que no los querían?

Lo más chistoso es que todas ellas tienen hermanos y hasta se lleva bien con ellos, bueno eso es relativo, como tú sabes si tienes hermanos, las peleas entre hermanos terminan muchas veces en palabrotas o de plano en luchitas, de manera que su mamá ya no sabe ni por dónde llegarle a la batalla.

La mamá de Ana, cuando se están dando una paliza entre ella y su hermano, les pregunta “¿Me involucro o se arreglan entre ustedes?”, queriendo decirles que hay alternativa de solucionar este conflicto.

Las cuatro tienen un club en la casa de árbol de Eli. Ahí se encierra con golosinas, música, algunas tiras cómicas y discuten cómo los niños son molestos, enfadosos, groseros, grotescos, irrespetuosos. Se preguntan cómo mejor se pudieran defender de ellos y temo decir, cuál es la manera más efectiva de molestarlos.

¡Quisiera haberle vaciado la botella de agua por la cabeza!”, se queja Li indignada un día.

Se encontraban en el club de las fantásticas (ese es su código para referirse al club). Ese día desafortunadamente había acontecido algo que les confirmó que estaban en lo correcto en odiar a los niños.

¿Tan mal estuvo hoy?”, le preguntó Ina, que es la más calladita y muchas veces la mas sensata de las cuatro.

¡No tienes idea!”, exclamó Li, “La hora completa de clase me estuvo diciendo ‘Qué gorda te ves’ o ‘tu pelo parece trapeador’ o ‘eres una estúpida’“, terminó su relato con lágrimas en los ojos.

Ana, que estaba sentada junto a ella, la abrazó super fuerte, mientras Eli le pasaba un pañuelo y un chocolate, “Te vas a sentir mejor, el chocolate siempre ayuda para el susto”, repitió Eli las palabras que siempre le decía su madre, obviamente sin decir que eran de ella.

¡El idiota es él!”, exclamó Ana, “¿Quién le autorizó que te hablara así y te dijera esas cosas? Tú eres la persona más bella y linda que yo conozco”. Eso era verdad, de las cuatro chicas, Li era la más simpática, alegre y cooperativa.

Cuando estamos las cuatro no se atreve a molestarnos, pero tengo que sentarme con él todos los días en la escuela, la verdad es que ya ni quiero ir”, terminó Li abrazándose las rodillas.

Si no vas a la escuela, no estarías con nosotras y no sería lo mismo ‘las cuatro fantásticas’ sin ti”, dijo Ina con la cortada de emoción y lágrimas en los ojos.

¡Los maestros tienen esa manía de sentar a los bien portados con los latosos y no saben lo mal que se portan con uno! Y si luego vas y les dices algo te dicen ‘No exageres o tienes que resolverlo tú sola’”, continuó Eli muy molesta.

Mi mamá dice que no podemos cambiar a los demás, sólo podemos cambiarnos a nosotros mismos, o algo así”, reflexionó Ana.

¿Por qué tenemos que cambiar nosotras, cuando el mundo podría ser mejor sin personajes como él?”, preguntó Eli sorprendida mientras le seguía pasando chocolate a todas.

Tal vez lo que tu mamá quiere decir es que no nos debemos dejar y, definitivamente no tolerar que se nos trate mal”, dijo Ina pensativa.

Se quedaron las cuatro masticando, pensando que su vida era muy difícil, parecía que los otros eran los fuertes, ellas las víctimas…

¡No lo acepto!”, dijo Ana poniéndose de pie de un brinco y comenzando a dar vueltas como león enjaulado, “No es correcto la manera en que ese niño te trata o trata a cualquier otra niña, punto. No es correcto que nos dejemos que nos afecte y no es correcto que él marque cómo debe ser el mundo”, continuó con mucha emoción en la voz.

¿Qué podemos hacer?”, dijo Ina con los ojos grandes como dos platos, mientras miraba a su amiga dar vueltas.

¡Esa es la actitud!”, exclamó Ana, “¿Qué podemos hacer?”.

¿Romperle la nariz?”, preguntó Eli, que siempre estaba lista para los golpes, teniendo 2 hermanos mayores.

Él es más fuerte que tú”, contestó Ina.

Lo acorralamos entre todas, dos lo agarran por los brazos y dos lo agarran a golpes, una por la nariz, porque eso lo que le queremos romper y la otra por la panza pa’ que no pueda gritar”, propuso Eli imitando con las manos cada paso de su propuesta y con los ojos brillantes sintiéndose triunfante ya.

¡Eso es bullying!”, exclamaron Ina y Li a coro escandalizadas.

Lo que necesitamos es un plan”, Ana proclamó retomando sus pasos que había interrumpido para ver el espectáculo que Eli les había ofrecido. “Un plan que nos permita ayudarnos en la escuela cuando estamos solas”.

¡Sí!, un código que nos permita saber que alguien está en problemas”, dijo Eli, “Una señal a la que tenemos que reaccionar inmediatamente sea lo que sea que estemos haciendo las demás”.

¿Cómo, un grito?”, preguntó Ina.

¿Qué tal ‘¡idiota a la vista!’?”, declamó Li, apuntando a una silla.

Nos vamos a meter en problemas si estamos diciendo expresiones así a la hora de clases”, concluyó Ina.

¿Qué tal ‘Cacahuates’?, es una palabra sin más, y podemos construirle un significado: ‘caca’… bueno ustedes saben… eso que huele feo… y; ‘huates’… ¿Qué podría significar?”, propuso Li.

Ahuate’ significa ‘Espina muy pequeña y delgada que, a modo de vello, tienen algunas plantas, como la caña de azúcar y el maíz”, recitó Eli que ya había sacado el celular para revisar el diccionario.

¡Claro! Los niños son como espinas en la escuela y son tantos que se convierten en vello tóxico… por dónde los veas pican”, dijo Li afligida, todas se echaron a reír de su comentario.

¡Sí! Cacahuates es nuestro código de peligro”, exclamaron las cuatro a coro.

Al día siguiente, las chicas llegaron a la escuela. Estaban platicando alrededor del escritorio de Ana hasta que sonó el timbre anunciando el comienzo a clases.

No olviden de gritar fuerte”, dijo Ana murmurándole a sus amigas, que tuvieron que acercar las cabezas para poder escucharla. Las otras sonrieron, asintieron o guiñaron y se sentaron en sus lugares.

El vecino de Li no tardó en comenzar a molestarla, “gorda”, dijo a manera de saludo, “¿Comiste más ayer?, hoy te ves más rechoncha”. Li lo ignoró por lo pronto, pero sus palabras le arruinaron su buen humor.

El maestro de inglés no puede controlar la clase, cada cual habla a la hora que quiere y dice lo que se le dé la gana, él no se da cuenta de nada.

¿Puedes venir a mi casa hoy?”, le preguntó el vecino a Li que lo miró sorprendida pensando que tal vez se había equivocado y lo había juzgado mal, “Mi mamá necesita un trapeador nuevo”, terminó el chico sin levantar ni una vez la mirada de su libreta.

Li se enojó tanto de su momento de inocencia, sin quitarle la mirada de encima a la cabeza del chico gritó: “¡Qué de cacahuates¡”.

Eli fue la primera en levantarse hacia la mesa de Li, “¿Me prestas tu goma?”, le preguntó al chico que tuvo que levantar la mirada para ver lo que Eli tenía en las manos; estaba sorprendido, “¿Qué tienes en la frente? Parece que te está saliendo una segunda cabeza”, dijo mientras se marchaba hacia su lugar con todo y la goma en la mano.

Después llegó Ana, “¿Me prestas tu sacapuntas?”, el chico esta vez no levantó la mirada, pero dijo “No” en voz baja.

Ana lo ignoró y señalándole atrás de le melena con el lápiz en la mano exclamó “¡Guácala, tú pelo está super grasoso, deberías bañarte!”, dejó caer el lápiz bajo la nariz del chico y se marchó.

El niño estaba rojo de la cara; Li estaba tratando de contener la risa; Ina se acercó trayéndole un dulce a Li.

Le dijo a la cabeza, que resemblaba un tomate con cabellera, “¿Sabías que es de muy malos modales hablarle mal a una chica? Sé lindo o nos vas a ver más seguido”, se dio la vuelta y se fue a su lugar.

Ese día el chico no la volvió a molestar. Las chicas celebraron su victoria en el Club compartiendo un bote de helado con cuatro cucharas, mientras colgaban los pies del balcón de la casita.

Parece que los chicos también tienen su propio club, porque al día siguiente el vecino de Li volvió con un repertorio nuevo de ofensas y esta vez hasta palabrotas (que no te voy a recitar).

Sin embargo, Li se sentía más segura, porque sabía que contaba con sus amigas, “¡Vaya Cacahuates tan grandes!”, exclamó mientras apuntaba su dedo a los ojos del chico, que los abrió como dos platones.

No muchos minutos después Ina se le plantó en la espalda “¿No habíamos quedado que eso eran malos modales?”, preguntó por la espalda del chico con las manos en la cintura.

Éste se volteó rápidamente y vio a la chica echando fuego por los ojos, “¿A ti quién te invitó a la fiesta, prieta?”, Ina cerró los ojos hasta que eran dos rendijas, sí era muy linda y sensata, pero también le molestaba mucho cualquier comentario racista.

¿Qué te pasa, no tienes mejores argumentos? ¿Necesitas usar frases que otros hombres malos usan? ¿No crees que ves demasiadas estupideces en YouTube?”, se me olvidó mencionar que Ina es una chica que admiro mucho, por que siempre es correcta, pero también es rápida como el látigo del Zorro con las palabras.

El chico se puso más rojo que un tomate, ¿Qué existe más rojo aún que un tomate?, ¿Una cereza?

Otra voz le dijo atrás, “Se me olvidó darte tu goma”, y se la aventó de manera que cayó sobre su libreta, en ella estaba escrito “Grosero”, Eli había aparecido sigilosa mientras Ina le terminaba su cuestionario y se daba la vuelta, echándose el pelo para atrás con la mano.

Eli también se dio vuelta y se regresó a su lugar, desde el cual observaba la cara del chico mientras leía su goma.

Ana no tuvo que levantarse.

El resto de la hora, el chico estuvo tranquilo, pero Li y él tenían clase de música solos después. Las otras fantásticas tocaban instrumentos y estaban en otras clases.

La hora de la venganza”, pensó el rival.

Gorda, plumero, fea”, le empezó a enlistar el chico.

Li sabía que estaba sola, “Eres aire”, le contestó.

Tú eres tan fea como un plumero”, intentó éste.

Eres simplemente aire”, dijo Li.

Tú estás tan gorda que no cabes por la puerta”, dijo el otro viendo que no lograba su objetivo.

Li se paró de golpe, tomó sus libros y se sentó en el piso junto al escritorio del maestro, que sí se dio cuenta, “¿Qué significa esto señorita Li?”, le preguntó a la chica muy sorprendido

Lo lamento profesor, pero es imposible trabajar mientras mi vecino me está soltando un insulto tras otro; prefiero sentarme aquí en el suelo”.

El maestro miró al chico que tenía la cara más roja que una cereza… ya no sé me ocurre que pueda ser más rojo aún.

El maestro llevó a los dos chicos afuera y tuvo una conversación con ellos. Los padres de los dos fueron informados y debo decir que ésta fue la última vez que el chico la molestó.

¡Wow! ¡Qué orgullosa estoy de ti!”, le dijeron sus amigas después de que les contó la aventura, “Mi madre me dijo que estaba también muy orgullosa del guante blanco que había usado y que ella se echaba con gusto cualquier bronca con los maestros, mientras no sea que yo hubiera sido la grosera”, les contó Li con la cara brillante y los ojos más seguros.

Las amigas estaban más fuertes, se sentían más seguras y su vida en la escuela mejoró mucho, ¡Hasta se estaban divirtiendo!

Tal vez llevaron muy lejos sus intentos, la siguiente vez ellas se pasaron.

Empezaron a usar un método que Ana había probado con su hermano; le dio buen resultado al principio, pero después… mejor déjame contarte.

El hermano de Ana es un año más chico. Ana se siente mucho mayor que él. El chiquitín es super activo y debo confesar que, hacer enojar a su hermana, es un deporte que le gusta practicar aún más que el fútbol.

El día que el método surgió, el hermanito de Ana decidió esconderle sus Legos de Harry Potter; cosa que ya había comenzado a hacer hacía un par de días, pero Ana no parecía haberse dado cuenta.

Ina había venido a jugar. Las primeras dos horas, las chicas le dieron la vuelta a su cuarto, a la sala, a la oficina, sin poder encontrar los muñequitos para jugar con ellos.

Después Ana descubrió que faltaban unos edificios pequeños y finalmente Ina le preguntó si había deshecho el tren.

El hermanito de Ana estaba en su cuarto jugando, bueno, realmente estaba muerto de risa, pero cada vez que Ana le preguntaba si había visto esto o aquello, él se tragaba la risa y le negaba con la cabeza con ojos de inocencia. Eso es, hasta que no pudo más.

Las chicas escucharon como se carcajeaba en su cuarto, solo. Su madre entró a dejar la canasta de la ropa, “¿De qué te ríes, amor?”, la oyeron preguntarle. Decidieron espiarlo.

Gatearon muy en silencio por el pasillo hasta su cuarto.

Nada”, le contestó el chico, pero ella insistió hasta que él le contó, “…Ana e Ina están buscando como locas sus legos y yo se los escondí… ja ja ja… “, a su mamá no le pareció nada simpático esa forma de diversión, te lo puedes imaginar; le hizo devolverle todos los legos a su hermana.

Las chicas estaban furiosas, bueno Ana estaba muy enojada, Ina le tenía empatía y la intentaba consolar. Cuando el chico llegó cargando todas las cosas aún estaba muerto de risa, lo veías en sus ojos.

Ana simplemente lo vio, señaló con el dedo una mesa para indicar dónde quería sus pertenencias, pero no dijo nada.

Cuando el chiquito le quería pedir disculpas, cosa que su mamá le ordenó hiciera, Ana simplemente le dio la espalda y levantó la mano como diciendo STOP.

El chico levantó los hombros y salió un tanto cabizbajo; realmente quería sólo divertirse, pero que Ana ni siquiera le aceptara su disculpa, se sentía gacho.

Las dos se dieron cuenta del poder que éste gesto tuvo sobre su hermano, no tardaron en comentarle al resto de las cuatro fantásticas y lo pusieron en uso.

Lo usaban con sus hermanos, con sus compañeros, hasta temo decir, con sus padres cuando ellas sentían que éstos las estaban ignorando o no querían hacer lo que les pedían que hicieran.

¿Puedes ver a dónde va la historia? Bueno, exageraron un poco…

Los padres de las cuatro fantásticas decidieron hacer juntos una carnita asada. Las chicas se llevaban también que los papás comenzaron a llevarse bien también. Los chicos, siendo adaptables, también jugaban juntos, aunque las diferencias de edades eran enormes.

Las chicas, eran las únicas niñas en le grupo, así que podían encuartarse en el club y nadie las molestaba.

La calle donde vivía Eli era una cerrada, así que no pasaban muchos coches y los niños pasaban muy buen rato jugando fuera.

Al final de la cuadra había otra reunión en la que sólo había chicos; y éstos habían decidido aventarles bombas de agua a los pasantes.

Los chicos de la fiesta en casa de Eli se dieron cuenta primero, habían recibido por lo menos 20 bombas sobre la cabeza y estaban empapados. No se enojaron para nada, al contrario, les pareció una idea super divertida y se estaban preparando para declararle la guerra a la otra pandilla.

Las chicas ni se habían enterado.

Éstas decidieron salir a andar en patines de arriba para debajo de la calle. Al salir se encontraron con todos los chicos preparando bombas en la manguera del jardín, “Tengan cu… “, intentó decir el hermano mayor de Eli, pero ésta levantó su mano en forma de “stop” y siguió con la nariz en el aire ignorándolo por completo… Tú sabes que esto fue un error, ¿Verdad?

La pandilla enemiga (les digo de cariño así para distinguir a los dos grupos de niños) las vio aproximarse. Las dejaron pasar una vez… dos veces…. tres veces… a la cuarta vez cada una recibió por lo menos 10 globos en la cabeza.

Tanto la pandilla enemiga como sus hermanos, que habían salido para ver la escena, estaban muertos de risa. “¡Te intenté decir Eli!”, le gritó su hermano.

¡Deja que te agarre!”, le respondió Eli con los puños, intentó patinar hasta dónde estaban los chicos de la pandilla conocida aún muertos de risa, pero el piso estaba tan resbaloso que se fue de boca al piso.

Los chicos de la pandilla enemiga se volvieron a reír, las chicas intentaron acercarse lentamente a ayudarla, pero era difícil avanzar con el piso tan resbaloso.

La pandilla enemiga volvió a apuntar, queriendo aventarles bombas otra vez, “¡Hey!”, gritó una voz de los de la pandilla conocida “¿No vez que están en el piso?, ¡Atacar así es cobardía!”.

La pandilla enemiga lo ignoró y guiñándole un ojo les comenzaron a aventar bombas a las chicas que gritaron y desesperadas comenzaron a patinar resbalándose todo el tiempo.

Los chicos de la pandilla conocida corrieron a su rescate. Cuatro chicos tomaron a cada chica y las ayudaron a salir del blanco, mientras el resto aventaba globos hacia la ventana dónde estaba el enemigo.

Las chicas se quitaron los patines lo más rápido que pudieron y se unieron a la pandilla conocida, contribuyendo al éxito del embargo.

Lograron someter a la otra pandilla que quería aún preparar más globos, pero un grito ensordecedor se dejó escuchar por adentro de la casa.

La madre de uno de ellos les estaba dando la regañina más fuerte que los niños hubieran escuchado en su vida. Aparentemente el piso y los muebles atrás de la ventana estaban todos empapados.

Eso detuvo la guerra, declarando triunfadores a los que peleaban desde la calle, aunque debo decir que también estaban empapados. Brincaron, bailaron y se abrazaron hasta que con gritos de guerra regresaron a su propio jardín.

Gracias Manuel que nos defendiste y nos ayudaste”, le dijo Eli a uno de sus hermanos, dándole un puñetazo cariñoso en el hombro.

¡Qué lindo que fuiste por mí y me ayudaste, Daniel!”, le dijo Ana a su hermano, dándole un abrazo mojado.

Gracias Paco”, le dijo Ina a su hermano, dándole la mano.

¡Qué bello fuiste Nando!”, finalmente dijo Li a su hermano.

Creo que ser amiga de los niños, al final de cuentas, no está tan mal”, pronunció Eli.

Para ti, de

p.s. Seguí las instrucciones para dibujar chicas y chicos del canal de YouTube Farjana Drawing Academy. De hecho, lo puedes seguir por que es sólo dibujar como ella. Yo lo tuve en mute todo el tiempo.

¿Te gustan más estos dibujos o los anteriores?

Contáctame: @federicamiross en Instagram, Facebook & Pinterest o por email: federicamiross@outlook.com

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