La nena de la Calle 10

Este cuento esta basado sobre la leyenda que hoy se cuenta sobre la calle 10.

El otro día casi me atrevo a entrar en la calle 10, pero al final me arrepentí⸺ dijo Felipe, el muy brabucón, ⸺Llegué hasta la esquina, sentí un escalofrío y salí corriendo de allí.

Los niños de la colonia se retaban unos a otros a entrar a la calle 10, sabiendo perfectamente que sus padres se hubieran escandalizado.

Acuérdate que hay un embrujo en esa calle para cualquier niño que entre a ella⸺ les repetían los padres de la colonia a sus hijos.  

Era época de Navidad, Bel y Andrés se mudaron a vivir a la colonia. No eran nuevos a la ciudad, pero sí a la colonia y sus historias.

La primera información que ambos recibieron en su primer recreo en la escuela nueva fue: ⸺No vayas a entrar a la calle 10, porque está embrujada.

La calle 10 no era una calle completa. Era más bien el palito de una T. Cada vez que Andrés y Bel querían ir a los juegos, caminaban sobre la calle perpendicular (eso es el techo de la T). Mientras caminaban la miraban. ¿Era su impresión o desde la calle se sentía un frío poco natural?

¿Qué tipo de embrujo tiene la calle 10?⸺ le preguntó Andrés a Felipe un día en la escuela.

Felipe desplegó una sonrisa pícara, le encantaba asustar a los otros niños, ⸺Dicen que una bruja encantó una vez al zapatero que vivía en la calle, quitándole la sonrisa a su hijo y la bruja estaba tan enojada que toda la calle fue encantada. Desde entonces, cualquier niño que entre en la calle 10 perderá la sonrisa.

Andrés, que era pingo también, primero lo miró muy serio y después se echó a reír. A Felipe, por primera vez se le congeló la cara. Muy serio le dijo, ⸺¿No me crees? Pregúntale a cualquier adulto. Yo que tú, no intentaría poner en duda el embrujo.

Así, cada vez que Bel y Andrés pasaban por la calle, caminaban en la acera opuesta (por si las dudas) con la mirada fija en la calle 10. No se atrevían a entrar a la calle.

Uno de esos días, iban caminando hacia los juegos, como todas las veces, al pasar por la calle 10 su mirada se dirigió a ella, pero no dejaron de platicar, hasta que Bel detuvo a Andrés agarrándolo del brazo.

Andrés vio a su hermana y luego siguió su mirada. Casi en la esquina de la calle 10 había un árbol de tronco ancho y atrás del tronco se escondía una niña de cabellos rizados.

La niña parecía ver el ir y venir de la calle. De pronto, sintió la mirada de los niños, se asustó mucho y de un brinco salió corriendo calle adentro.

Los niños se quedaron congelados siguiendo con la mirada como la niña desaparecía dentro de la calle. La vieron entrar a la derecha en la reja de una casa, pero desde donde estaban no podían ver bien la casa.

Todo el camino a los juegos, los niños comentaron lo acontecido y se preguntaban ⸺¿Estará embrujada la niña?.

Los días pasaron y cada vez que Bel y Andrés pasaban por la calle miraban detenidamente la sombra de aquel árbol.

Un día, le nena estaba allí, Bel inmediatamente levantó la mano en forma de saludo. La nena la vio y se escondió detrás del árbol, pero hoy no salió corriendo.

Los niños comenzaron a caminar en la acera aledaña a la calle.

Varias veces pasaron por ahí y la saludaron, pronto la nena dejó de esconderse y un día les levantó la mano en forma de saludo, pero no les sonrió.

Un día, Bel se detuvo frente a la calle y le gritó, ⸺¿Quieres ir a los juegos con nosotros?⸺ la nena negó frenéticamente con la cabeza y los ojos abiertos como dos monedas de a peso.

Un día, al pasar miraron hacia el árbol, la nena no estaba escondida, estaba frente a él parada con las manos pegadas al cuerpo como soldadito.

Sin entrar a la calle, los niños se pararon frente a ella, que a su vez no salió de la calle.

Hola⸺ dijo Andrés, levantando la mano en gesto de saludo. La nena, levantó la mano también.

Yo soy Bel y este es Andrés⸺ explicó Bel, ⸺Vamos a los juegos, ¿Quieres ir con nosotros?

Mirando sus zapatos, La nena levantó los hombros, como diciendo “no sé”, pero no dijo nada y no se movió ni un centímetro.

Bel y Andrés se miraron buscando más puntos de conversación.

¿Vives aquí en la calle 10?⸺ preguntó Bel señalando con la mano hacia la calle, la nena asintió.

¿Viven otros niños aquí?⸺ quiso saber Andrés, que no le había quitado la mirada de encima a la nena ni un momento.

La nena negó con la cabeza y una sombra de tristeza le llenó los ojos.

La reja de una casa se abrió un poco y una señora sacó la cabeza, como si eso causara un impulso en la nena, se giró despidiéndose con la mano y corrió hasta la casa.

Era una casa sencilla, de dos pisos, tras la reja había un jardín pequeñito y un estacionamiento para un coche, la casa era de color azul cielo con dos ventanas arriba y dos ventanas abajo. Directamente tras la reja había una buganvilia que inclinaba sus ramas sobre la reja como diciendo “mira que hermosa soy”.

Otro día pasaron los dos niños por la calle 10. La nena los estaba esperándolos frente a su árbol. Todos levantaron las manos a modo de saludo. Aún la nena no sonreía.

¿Quieres acompañarnos a los juegos?⸺ esta vez, para su sorpresa, la nena asintió.

En los juegos, Bel se dirigió automáticamente hacia los columpios y Andrés al trepador. Le nena se quedó congelada viendo como todos jugaban. Había niños jugando en el arenero que había en el centro de los juegos, otros daban vueltas en la rueda, había otros tantos subiendo y deslizándose por la resbaladilla y el trepador estaba lleno de niños que se colgaban como changos.

Nada de lo que vio la hizo sonreír.

Bel vino por ella, de la mano se la llevó hasta los columpios, donde la sentó en uno y le enseñó desde el suyo lo que tenía que hacer. La nena se columpió muy despacio, seguía observando a los otros niños, incluyendo a Bel, jamás le sonrió.

Así, los niños se encontraban a veces a la nena de la calle 10. Quien los acompañaba a los juegos y jugaba con ellos. Poquito a poco, se fue soltando y descubrió que le gustaba subir al trepador tanto como a Andrés, a la rueda sólo de vez en cuando, también parecían gustarle los columpios como a Bel, pero nunca la vieron sonreír.

Un día la escuela organizó una Kermés Navideña, con posada, comida deliciosa y juegos. Tenías que pagar todo con unos boletitos.

En la escuela a todos los nenes les dieron unas hileritas con boletitos de diferentes colores, para que compraran lo que quisieran en la Kermés.

Bel le pidió a la maestra si podía invitar a una amiguita, a lo cual la maestra accedió y sonriendo le dio más boletos para su amiga.

Bel y Andrés se dirigieron hacia la esquina de la calle 10, donde la nena los estaba esperando frente a su árbol, como de costumbre, con las manos pegaditas al cuerpo.

Bel sin aire en los pulmones, le explicó de la Kermés a la nena y le preguntó, ⸺¿Crees que tu mamá te dejaría?

Al día siguiente volvieron y la nena les dijo en voz muy baja ⸺mi mamá me dio permiso⸺ pero no sonrió, sólo veía a sus zapatos.

¿Quieres ir?⸺ le preguntó Andrés. La nena asintió con la cabeza sin levantar la vista del piso.

Al día siguiente, los nenes pasaron por la nena, Bel le agarró la mano y así, juntos los tres con sus boletos en la mano, se dirigieron hacia la escuela.

Obviamente estaba lleno de niños, pero también de adultos. Los padres de Bel y Andrés tenían un puesto de gelatinas.

Los niños comenzaron poco a poco a gastarse sus boletos en ponche, buñuelos, garnachas y demás cosas ricas. Parecía que la nena disfrutaba todo, pero jamás sonreía.

Estaban parados alrededor de la piñata que se iba a romper. Llegó Felipe con sus amigos y fue el primero que quiso que le vendaran los ojos y lo giraran. Empezó a payasear.

Felipe era muy chistoso, también bastante travieso, siempre los hacía reír a todos con sus trucos y malabares, bueno, casi a todos, porque la nena de la calle 10 simplemente lo miraba.

¿Qué te pasa?⸺ le preguntó agresivamente Felipe. La nena dio un brinco por el tono del niño y del susto salió corriendo rumbo a su casa.

¡Espera!⸺ le gritó Bel, pero la nena seguía corriendo con todas sus fuerzas. Bel se echó a correr detrás de ella.

¡Tenías que decirle algo!⸺ le dijo Andrés a Felipe mientras se echaba a correr detrás de su hermana.

Los niños vieron como la nena entró corriendo en la calle 10 y directo hasta su casa sin voltear a verlos ni una vez. Bel y Andrés frenaron exactamente en la esquina, no se atrevieron a entrar a la calle.

Varios días pasaron, y la nena no estaba frente a su árbol ni detrás de él. Los niños cabizbajos seguían su camino, suspirando porque no se daban el valor de entrar en la calle y tener el mismo problema que la nena, no poder sonreír.

Finalmente, Bel decidió darle un regalo a su nueva amiga. Así que el día de Noche Buena los dos se dirigieron hacia la calle 10, quedándose primero parados en la esquina mirando calle adentro.

Veían claramente la casa de la nena. Instintivamente y para darse valor, Bel le tomó la mano a su hermano que la volteó a ver. Se miraban con los ojos llenos de miedo, pero también de determinación.

Echaron a correr calle adentro, a lo mejor así el embrujo no tenía tanto efecto.

Al llegar frente a la casa, los dos respiraban como si hubieran corrido un maratón. Andrés tocó el timbre, los dos se giraron a ver la calle por la que entraron, como esperando que una puerta les cerrara el paso de regreso a casa.

La puerta se abrió y la nena se asomó; al ver a sus dos amigos agarrados de la mano, la nena sonrió de oreja a oreja; de la sorpresa abrió los dos ojos como monedas de a peso y se agarró la boca para tocar eso que nunca había vivido antes.

¿Quién es? Cariño⸺, la madre estaba parada en la puerta de la casa, la nena se giró con su gran descubrimiento y la madre dejó caer el trapo de cocina que tenía en las manos y echó a correr hacia la niña.

Cayó hincada frente a ella, agarrándola por los dos hombros y exclamando ⸺¡Clara estás sonriendo!⸺ seguido de abrazarla muy fuertemente con lágrimas en los ojos.

Después de unos segundos le gritó a su marido, quien salió muy asustado, pero al ver la sonrisa en la cara de su hija, se echó a correr y se abrazó a su hija y a su mujer.

La madre, abrió los ojos y descubrió a los dos niños que estaban parados sonriendo, agarrados de las manos, con lágrimas en los ojos.

Se les echó encimas abrazándolos muy fuerte y diciendo ⸺Gracias, gracias, gracias.

Con lágrimas en los ojos el padre se apartó un poco da su hija, la vio directo a los ojos y le dijo:

el embrujo que nos han puesto se ha levantado, lo que hacía falta eran otros niños en esta calle, el milagro de Navidad.

Tan tan

Para ti, de

Que te desea una muy Feliz Navidad y un maravilloso Año Nuevo. Que tus sueños se hagan realidad.

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Te recuerdo que he publicado un pequeño cuento sobre una princesa a la que se le cumple su mayor deseo de ver el mar.

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