Ximena y su muñeca

¡Qué terrible es crecer!

Un día te despiertas, corres a sacar a tu muñeca, la mejor amiga que tienes, y descubres después del primer beso, que te apetece más ir a jugar futbol con los demás chicos.

Esta es la historia de Ximena que está creciendo muy rápido, según su mamá.

¡Buenos días cariño!, Hora de levantarse”, dice la madre dulcemente mientras le acaricia el pelo a la nena.

La madre observa como el cuerpo de la nena ya cubre más de tres cuartos de la cama, suspira y vuelve a acariciarle el pelo, hasta que ésta abre despacio los ojos.

Ximena se estira y bosteza profundamente antes de realmente despertar. Finalmente logra sentarse.

Lo primero que hace al salir de su cama, es ir hasta la cama de su muñeca, Perla, darle un beso y le dice “Hora de despertar”, la levanta y la sienta sobre su propia cama.

Ximena se viste rápidamente, encuentra un pantalón corto y una camiseta turquesa, que es su color favorito ahora.

Después se hace una colita de caballo, cosa que acaba de aprender a hacerse solita, está muy orgullosa de sí misma.

Se ve rápido en el espejo y satisfecha voltea la mirada hacia Perla y le dice con las manos en la cintura, “Ahora tú”.

Perla tiene su propio closet, del cual Ximena saca unos pantalones cortos y una blusa rosa. Le quita la pijama y la viste, mientras le va contando todo lo que recuerda de sus sueños.

Hoy no alcanza el tiempo para peinarla, mamá está llamando a desayunar.

Ximena tiende la cama corriendo, abraza a Perla y salen corriendo las dos hacia la cocina.

Hoy mamá hizo pan francés para desayunar y obviamente Perla recibe un platito con un pedacito de pan y un vasito con leche, igual que Ximena, sólo que en dimensiones más pequeñas.

Después de desayunar y poner los platos en el lavavajillas, Ximena sale corriendo hacia el patio donde se dispone a dibujar con gises en el piso. Perla la acompaña, pero hoy no quiere pintar, sólo observar las obras de arte de Ximena.

De pronto aparece el hermano de Ximena con una pelota, van a ir a jugar al parque de la escuela. Ximena se le queda viendo a su hermano hasta que casi está por desaparecer en la esquina de la casa… le grita, “¿Puedo ir a jugar con ustedes?”.

El hermano de Ximena es muy buena onda y siempre juega con mucho gusto con su hermana. Le hace una señal con la mano para que vaya, Ximena sale corriendo, Perla se queda viendo la obra de arte en el piso sola.

A la hora de comer los dos niños le cuentan las fantástica paradas y los grandes pases a su mamá y su papá.

Dejaste a Perla afuera, la metí, está sobre tu cama para que no se ensucie demasiado”, le dice su mamá.

Ximena abre bien grandes los ojos y asiente con la cabeza viendo a su mamá con cara entre de susto y de sorpresa, nunca había abandonado así a Perla.

Después de comer, Ximena corre a su cuarto, le quiere contar a su muñeca las aventuras de hoy.

La abraza, le alisa el pelo y le empieza a contar las aventuras de hoy.

Luis, su hermano, se asoma por la puerta, “¿Se te antoja ir al arroyo conmigo?”, le pregunta.

¡Sí!”, exclama Ximena emocionada, dejando a Perla sobre la cama en una posición extraña.

Un día, la tía Juanita vino a visitar a la familia. La tía Juanita es mega linda, siempre viene cargada de juguetes y regalos para todos.

Esta vez, a Ximena le trajo un micrófono. Lo puedes prender y cantar en él, retumba como si estuvieras sobre un escenario profesional.

Ximena no pudo haber recibido mejor regalo. Pone a su música favorita y se pone a cantar y bailar por todo el cuarto.

Los primeros días sienta a Perla como público, para que disfrute el concierto, después se le olvida su muñeca.

Hoy vinieron las amiguitas de Ximena a jugar. Se la pasaron en el jardín, en la calle pintando o jugando con los patines, cuando entraron al cuarto fue para cantar como grupo musical con el micrófono nuevo.

Nadie trajo muñecas, ni se acordaron de ellas.

¿No vas a poner a Perla en su cama, Ximena?”, le pregunta su mamá antes de irse a acostar.

¡Ah, sí!” dice Ximena un tanto distraída, se acerca a su muñeca, la tapa, pero no le da un beso. Hay algo diferente, no necesita tanto el cariño de su muñeca.

Al día siguiente, Perla se queda todo el día en su cama.

¿Todavía juegas con muñecas?”, le pregunta Sofía a Ximena un día que viene a jugar. Ximena no sabe que contestarle, mejor le cambia el tema.

La verdad es que Ximena se siente un tanto atormentada. Quiere aún mucho a Perla, pero el hecho de que ya no se le antoja jugar mucho con ella, no se le va de la mente, no sabe qué hacer con sus sentimientos.

Un día la mamá de Ximena le encontró muy triste en su cuarto, “¿Qué te pasa tesoro?”, le pregunta mientras se sienta junto a ella y la mira con esos ojos de madre que pueden ver más allá, directo al corazón.

Ya no quiero tener a Perla en el cuarto”, sorprendió Ximena a su madre.

¿La quieres regalar?”, preguntó la madre con voz bajita.

Los ojos de Ximena se llenaron de lágrimas, su mami la abrazó muy fuerte, “No llores cariño, vamos a encontrar una solución”.

Al día siguiente, la madre de Ximena aparece con una caja, “Que te parece si le buscamos otro lugar en la casa a las cosas de Perla y qué tal si Perla duerme en mi cama. Si quieres jugar con ella, ya sabes dónde encontrarla.”

Ximena miró a su madre y asintió. Con más dolor del que esperaba, le entregó la muñeca a su madre.

La tristeza le duró varios días. Cada que pasaba frente al cuarto de la madre, se asomaba para ver a Perla desde la puerta. A veces, cuando nadie la veía, entraba al cuarto y le daba un beso; pero las ocasiones se hicieron más y más esporádicas, hasta que pararon por completo.

Un día, de esos que se les ocurren a las madres, entró muy decidida y cargada de cajas, sacudidor y bolsas de basura, con el objetivo de recoger y revisar las cosas de Ximena.

Ximena la recibió con decisión en la mirada, “Quiero regalar todos estos juguetes”.

La mamá de Ximena se quedó paralizada. Sabía que este día llegaría, pero nada puede preparar a una madre.

Finalmente llegó, ese día en que tu hija deja de ser una niña de juguetes para abrirle paso a la niña que se convertirá en señorita.

Tan tan

Para ti, de

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