La corona de la princesa

Esta era una vez una princesita chiquitina que era muy querida por todo el reino.

La princesita le sonreía ampliamente a toda la gente, sin distinguir la clase social, ella simplemente era generosa con su sonrisa.

La reina se derretía de cariño cada vez que veía a la princesita regalarle su sonrisa a alguien. La reina la miraba llena de cariño y la abrazaba fuertemente.

La princesita vivía en un palacio en el centro de la ciudad, obviamente su padre, el rey y la reina, su madre, vivían en la misma casa.

El rey y la reina estaban siempre muy ocupados, aunque le dedicaban tiempo a la princesita todos los días.

La princesita pasaba la mayor parte de su día con su nana, que la quería mucho y la acompañaba a todos lados.

Si te fijabas bien en las fotografías que se le tomaba a la familia real, siempre podías ver a la nana paradita atrás o muy cerquita, vigilando a la princesita.

La princesita tenía también una agenda llena todos los días, aunque podías ver en ella periodos largos en el que decía “jugar”.

Un día la nana, observando a la princesita, decidió que la chiquitina necesitaba la compañía de otros niños.

¿Dónde puedes encontrar muchos niños?… ¡Tienes razón, en el parque!

Así que la nana decidió llevarla a los juegos.

Primero, la princesita se quedó paradita viendo a los niños jugar, bien pegadita a su nana. A un niño se le fue la pelota, rodó hasta los pies de la princesita, ésta sin vacilar levantó la pelota y le regaló al dueño una de sus sonrisas encantadoras.

¿Quieres jugar?”, le preguntó el nene a la princesita, quien miró a su nana, que a la vez le sonrió asintiendo con la cabeza.

Así la princesita hizo sus primeros amigos.

Se encontraban varias veces a la semana en el parque a jugar todos los juegos que tú conoces, ¡imagínate lo bien que se la pasaban!

Poco a poco, tanto la nana como la princesita se sintieron tranquilas y a gusto como para invitar a los niños al palacio.

Al llegar al palacio, los niños se sintieron primero agobiados por el lujo y la cantidad de gente que pasaba por todos los corredores, pero pronto se sintieron en su casa.

Jugaban a todo. Tengo que decir que la princesita aprendió a hacer travesuras, no que no las hiciera antes, pero aprendió muchos trucos nuevos con sus amigos.

Escondían el sacudidor del señor de la limpieza, quien iba y venía de una recámara a otra buscándolo, mientras la princesita y sus amigos se morían de risa escondidos tras unos macetones.

De la cocina se robaban las galletas o las golosinas que se habían hecho para la hora del té. Siempre esperaban a que la cocinera se volteara, se abalanzaban y llenaban sus bolsillos de la mayor cantidad posible de golosinas y salían corriendo, mientras la cocinera les gritaba “¡Bandidos, vuelvan acá!”

La princesita siempre se volteaba y le regalaba su sonrisa maravillosa a su víctima que siempre le sonreía de vuelta y dejaba a los niños salirse con la suya.

Además de travesuras, la princesita aprendió de sus amigos a trepar árboles, a jugar futbol y beisbol. Ella por su lado les enseñó a tratar a las personas con cariño y gentileza.

Pronto la princesita descubrió un aspecto que le quitó la sonrisa por primera vez y la hizo quedarse pensativa mucho tiempo, preocupando no sólo a la nana, sino también a la reina.

Sus amiguitos no eran ricos como ella, pero tampoco sufrían por falta de alimento o cobijo, sin embargo, un día en el parque, le dieron la espalda a una niña de ojos soñadores, porque era pobre.

La nena de ojos soñadores vestía siempre el mismo vestido y sus zapatos, temo decir, que casi hablaban de lo usados que estaban.

La princesita le dio muchas vueltas al asunto, y por más vueltas que le daba, no se podía quitar el sentimiento de molestia por lo sucedido.

No le dijo nada a nadie, pero la siguiente vez que estuvo en el parque se paró frente a la nena de los ojos soñadores, que estaba haciendo montañitas de tierra en el piso, y le preguntó “¿Puedo jugar contigo?

La nena de los ojos soñadores, abrió los ojos lo más grande que se pudiera, pero asintió.

Atrás de la princesita los otros amiguitos miraban congelados aquel espectáculo. La princesita se giró, y les hizo señal con la mano de que vinieran a jugar, obviamente con su sonrisa especialmente bella.

Los niños se sentaron en el piso y comenzaron a hacer una gran ciudad de montañas de tierra. “Ahí es el palacio, ahí vives tú”, dijo la niña de ojos soñadores mirando a la princesita.

¿Tú dónde vives?”, la nena de los ojos soñadores con los cachetes rojos como tomates hizo varias montañitas pequeñas lo más lejos de la ciudad y señaló una piedra pequeñita sin decir nada.

La nana notaba a la princesita pensativa aún. La observaba de cerca, aunque no intervenía en sus pensamientos.

¿Hay muchos niños pobres en el reino?”, le preguntó por fin un día a la nana.

Sí princesita, hay demasiados

Y, ¿Todos tienen sólo un vestido?

Puede ser que algunos tengan la suerte de tener más de uno, princesita”.

Podías ver a la princesita sentada en su jardín en una banca pensativa o a la hora de comer, miraba su plato, calladita. Caminaba cabizbaja por el palacio y la reina se empezó a preocupar.

¿Qué piensas princesita?”, le preguntó un día.

Que no es justo que yo tenga mucho y mi amiga y muchos otros niños tengan tan poco”, fue la respuesta de la niña.

¿Qué quieres hacer al respecto?”, sorprendió la reina a la princesita con esta pregunta.

La princesita se quedó calladita unos instantes mirando fijamente a la reina, después dijo: “Quiero darles mi comida y mi ropa”.

Eso sólo podría ayudar a algunos niños, querida”, dijo suavemente la reina.

¿Qué puedo hacer mamá?”, preguntó la princesita con lágrimas en los ojos.

mmmm, lo que necesitamos es una fuente constante de dinero para ellos, que es lo que hacen los padres y madres que pueden trabajar para sus familias

¿No les podemos dar trabajo a sus padres y madres?

mmmm… eso lo tenemos que hablar con el rey, pero supongo que vamos a tener diferentes situaciones en las familias, amor, no a todos les falta simplemente trabajo”.

Los días que siguieron, fueron de mucho pensar. Podías ver a la princesita y a la reina caminando por todos los pasillos del reino, platicando rápidamente, intercambiando ideas.

Involucraron por fin al rey, que siempre tenía buenas ideas.

Al final decidieron organizar un grupo de personas, madres, padres y niños por igual, que se dedicaran a ayudar a la gente pobre.

¿Cómo van a ganar dinero?”, preguntó el rey

¿Qué tal donaciones?, el reino puede contribuir también.”, preguntó la reina.

Puede ser que se tarden mucho en juntar el dinero, y tal vez sería mejor tener algo a cambio de la donación

¡Ya sé!”, exclamó la princesita, “Mis amigos dicen que mi corona vale mucho dinero, quiero vender mi corona”.

El rey y la reina se quedaron boquiabiertos. La corona tiene un valor sentimental y representativo en cualquier reino, así que esto fue un golpe duro para los reyes.

Los días pasaron, poco a poco la reina comenzó a ver que una princesa no es menos princesa si no trae una corona puesta.

Finalmente cedió, “Vale más la pena tener un pueblo viviendo con comodidades y feliz, que tener una corona”.

Al final, la corona de la princesa y una de las coronas de la reina (la reina siempre necesita una corona) fueron donadas para inaugurar “la organización por el bien del pueblo”, que así bautizaron.

Muchas familias, que contaban con muchos recursos se sintieron inspirados y comenzaron a cooperar, tanto con dinero u objetos valiosos para vender, como con tiempo para la organización.

Pronto la organización fue integrada por tanto hombres, mujeres y niños que ayudaban a coordinar todas sus actividades.

La misma organización le dio trabajo a personas que buscaban, dándoles así una razón de vivir y estabilidad económica.

El rey dictaminó que una cuota por familia fuera entregada directamente por el reino, “Al final nosotros tenemos la responsabilidad de esas familias”, dijo. También el rey dedicó a un equipo especial para ayudar a las personas a tener trabajo o tener ayuda social, por ejemplo, doctores.

Finalmente “la organización por el bien del pueblo” coordinó talleres de aprendizaje de tareas básicas, como cocina, costura, jardinería, remedios caseros para enfermedades pequeñitas, etc. Con esto muchos pudieron abrir un negocio pequeño que les daba una entrada segura de dinero.

Pronto los más pobres del reino pudieron tener sus cosas básicas, como comida, ropa, doctores o escuelas. Todo gracias a “la organización por el bien del pueblo”. Algunas de esas familias prosperaron más allá de la pobreza por las oportunidades de trabajo.

La princesita volvió a sonreír, su amiga de los ojos soñadores tuvo más de un vestido y sus zapatos ya no tenían hoyos, además que se le veía más rellenita con lo bien que estaba comiendo.

El reino floreció y se convirtió en un ejemplo para seguir para otros reinos que comenzaron a adoptar las mismas medidas.

Tan tan

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Créditos

La imagen de la corona es mi versión de una corona de la princesa Sofía de Suecia

La imagen de las niñas jugando fue ayudándome del dibujo de es-static.z-dn-net, que no me permite entrar en su página (nunca entres en ligas sospechosas).

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