El Secreto del Libro (cuarta y última parte)

Si quieres leer toda la historia de dejo la liga a todos los cuentos El secreto del libro

¡Vamos otra vez!” dijeron Iván y Nicolás en unísono, “no perdemos nada”, pero Ismael estaba tan desanimado que no quería decepcionarse más.

A Nicolás e Iván la aventura les parecía un buen cambio a su rutina habitual en el orfanatorio.

Varios días pasaron, pero Ismael no se animaba a salir en búsqueda del tesoro. Estaba sentado en los escalones del patio leyendo cuando Doña Mari llegó y le entregó una notita.

Ismael, encontré algo interesante sobre tu jardín inglés. Los faroles son los originales desde 1700, sólo se les ha modernizado la parte interior. Un servidor, Raúl Montéz”.

Ismael releyó el papelito varias veces y salió corriendo a buscar a sus amigos que jugaban futbol en la calle.

Se lanzaron a la plaza.

Cada chico corrió a uno de los faroles estudiándolo por todos lados. Imagínate la vista: tres niños en la plaza dándole vueltas y mirando farol por farol.

Hasta que por fin Iván gritó, “¡Aquí, aquí está el símbolo otra vez!”.

Nicolás e Ismael corrieron hasta donde Iván estaba y todos se hincaron para ver el símbolo pequeño que estaba en el relieve en la base del farol.

Sólo nos falta una pista”, dijo Ismael mirando significativamente a los ojos de sus amigos.

Ismael sacó el libro y comenzó a leer del libro.

Doscientos pasos hasta el centro de la plaza donde el corazón del amante está escondido.

¡200 pasos, vamos!”, comenzaron a caminar juntos contando, “1, 2, 3,4,5…

La gente que pasaba los volteaba a ver.

Comenzaron a ver que su destino era un bloque de piedra que estaba en la plaza aparentemente sin una razón de ser.

Terminaron de contar sin quitarle la vista de encima al bloque.

Cuando estaban frente de él se miraron entre ellos, poco a poco se inclinaron para revisarlo, no tuvieron que buscar mucho.

En un instante Ismael sintió una piedra suelta en la base. Miraron a su alrededor, asegurándose de que no había persona alguna y sacaron con esfuerzo la piedra.

Atrás de ella estaba hueco. Ismael con miedo en la barriga metió la mano hasta el codo, chocando con algo, tentó alrededor de la aparente pared y concluyó que era un objeto cuadrado, liso y frío, lo atrapó entre sus dedos y lo comenzó a sacar.

Era una caja de metal, se veía como una de esas cajas viejas de tabaco. Estaba un poco oxidada, pero pudo remover con cautela la tapa.

Dentro de la caja, había simplemente un pedazo de papel enrollado. Lo desenrolló y leyó:

Sit hace verba facti
sunt beneficia
”*

La decepción se dejó ven en los rostros de los tres.

Ismael le dio vuelta al papel, con esperanza de encontrar algo más, pero estaba en blanco por el otro lado. Se lo pasó a Iván, que lo leyó, lo volteó y se lo pasó a Nicolás, que repitió el ritual.

¿Tienen idea de lo que pueda significar?«, le preguntó el chico a sus amigos que negaron con la cabeza mientras miraban fijamente el papel.

Ismael volvió a enrollar el papel y a meterlo dentro de la caja y la caja dentro de su escondite, resellando el hueco con su respectiva piedra.

Cabizbajos volvieron al orfanatorio pensado que habían perdido su tiempo.

Por lo menos tuvimos una aventura”, dijo Iván de pronto muy positivo.

Sí, tienes razón”, dijo Ismael sonriéndole a su amigo.

Y no nos dimos por vencidos”, cerró Nicolás la reflexión.

Al llegar se encontraron a doña Mari toda nerviosa porque buscaba a Iván por todos lados.

¿Dónde andaban?”, les preguntó muy angustiada, y sin esperar respuesta continuó, “tengo que hablar contigo Iván”, sonaba más tranquila y tenía una sonrisa en la boca y los ojos chispeantes.

Se llevó al muchacho a su oficina, donde pasaron por lo menos 30 minutos, en el que Nicolás e Ismael podían sólo imaginarse las peores escenas. ¿Qué podría haber hecho Iván? Siempre era un muchacho hecho y derecho.

Pensando que tal vez debían defenderlo, se apresuraron hacia la oficina del orfanatorio, pero antes de llegar, la puerta se abrió y de ella salió Iván con la cara blanca como hoja de papel y los ojos un poco nerviosos.

¿Estás bien?”, preguntó Nicolás.

¿Estás metido en un lío?”, continuó Ismael el interrogatorio.

Iván los miró, después se los llevó a una esquina donde nadie los pudiera oír.

¿Recuerdan que habían dado por perdido a mi padre en la expedición?”, les preguntó, los dos amigos asintieron con la cabeza.

Pues lo habían dado por muerto, por eso terminé aquí. Pero ha vuelto, logró encontrar lo que buscaba y volvió por mí”, terminó de explicar, “bueno, hoy como no aparecía se fue al hotel, pero mañana vendrá por mí”.

Los dos amigos se le quedaron viendo con los ojos bien abiertos. Después de un rato Ismael le sonrió, “Felicidades Iván, Dices que eran muy buenos amigos tú y él, ¿no?

Iván simplemente asintió con la cabeza y una sonrisa le iluminó la cara. Los ojos se le llenaron de lágrimas.

Nicolás le dio un golpe amistoso en el hombro y le dijo “¡Qué buena suerte tienes!”.

Es como si mi sueño se hiciera realidad. Siempre soñaba en que un día aparecía mi papá y me llevaba con él”, dijo simplemente Iván, limpiándose los ojos con la manga de la camisa.

Al día siguiente, temprano, apareció el papá de Iván. Se abrazaron largo y fuerte, los dos con lágrimas en los ojos.

Después terminaron de hacer todo el papeleo con Doña Mari, Iván empacó sus pocas cosas y despidiéndose con un abrazo de sus amigos, les dio un papel con su nueva dirección y se fue en un taxi que los llevaría hasta el aeropuerto.

Ismael y Nicolás se miraron por mucho tiempo; por un lado, muy contentos por su amigo y su buena suerte, por el otro lado tristes de separarse de Iván y, un poquito, por envidia.

A los dos días de este acontecimiento, Nicolás fue llamado a la oficina de doña Mari. Esta vez Ismael no se separó de él. En la oficina estaban dos señores.

Lo siento Ismael, esta vez no puedes quedarte con Nicolás, es un asunto privado”, le dijo doña Mari. Aunque los señores les sonreían a los dos muchachos.

Nicolás salió de la reunión y parecía que un autobús lo había atropellado. “¡Es un tío lejano!”, le dijo a Ismael mientras empacaba sus cosas, “Se enteró de casualidad de mi existencia, al buscar a mis padres y descubrir a través de los vecinos de que me habían llevado al orfanatorio. Me invita a vivir con él y su familia, ¿Cómo ves?”, preguntó finalmente dejando de empacar y mirando directamente a los ojos a Ismael.

A Ismael se le llenaron los ojos de lágrimas, pero logró producir una sonrisa de lado a lado y dándole la mano a su amigo le dijo “¡Qué suertudo eres!”.

Así, Ismael se despidió de su amigo, tomándole otro papel con su dirección, “¡Qué casualidad que a los dos su suerte les haya cambiado!, ¿O será?”, pensó el chico.

Varios días después Doña lo mandó a llamar, “Ismael, debes estar muy triste porque tus amigos se fueron, ¿Verdad?”, Ismael simplemente asintió. “Te tengo buenas noticias… nunca había acontecido algo como les está pasando a ustedes tres…”, doña Mari hizo una pausa, desenvolvió una sonrisa de lado a lado y le dijo suavemente, “Don Raúl te ha pedido en adopción Ismael, ¿Cómo ves?”.

Ismael se mudó a vivir con Don Raúl unos días después. Don Raúl vivía bien, con comodidades, trabajaba en la biblioteca por su pasión a los libros, “el resto se arregla sólo”, le dijo a Ismael. .

Lo chistoso es que los tres amigos estuvieron llenos de bendiciones durante toda su vida. Nunca lo discutieron, los tres sabían que las palabras que leyeron de aquel tesoro fueron realmente la bendición más grande de sus vidas.

Marinos y damas se han enamorado en estas esquinas del mundo, pero esta dama y el ausente vivieron un amor que nunca pudo ser realizado porque el mar siempre se interpuso con su tempestad ante su amor”.

Tan tan,

Para ti, de

*espero que el latín esté correcto, usé un translator en línea.

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