El Secreto del Libro (tercera parte)

Para leer la historia desde el principio, te dejo la liga a la primera parte y aquí te dejo la liga con todas las partes.

… Al día siguiente Ismael, Nicolás e Iván se prepararon para su excursión.

Fueron hasta la estatua de la dama, la volvieron a revisar y después de no descubrir nada nuevo, sacaron la brújula, localizando el norte y echaron a andar hacia el Noreste, como el cuento indicaba.

Caminaron despacio, observando todo a su alrededor, pero no encontraron algo que les llamara la atención.

Llegaron hasta el paseo de la playa, directamente, para ser exactos, al respaldo de una banca que tomaba el sol. Entre la banca y el mar no había más que arena.

Se sentaron en la banca, mirando a su alrededor, nada. Los tres se le quedaron viendo a la banca y levantándose comenzaron a observar cada detalle de ella.

De pronto, a Iván se le sofocó el aire en el pecho y agitando las manos, “El símbolo, el símbolo”, alcanzó a decir, los amigos se fueron hasta donde estaba y se arrodillaron junto a él.

Ahí, al lado de la banca, estaba tatuado sobre una pata de hierro el símbolo que habían visto grabado en los ojos de la dama.

¡Es aquí!”, dijo Ismael emocionado, sacando una libreta para dibujar en ella el símbolo. Era como un pez pero la cola no estaba cerrada y no tenía picudita la boca. Parecía tener un punto entre las dos líneas que salían de lo que era el pez.

Sacó el libro y comenzaron a leer la siguiente parte del acertijo.

Sin pensarlo su cabeza se gira hacia el sur, sin perder la línea recta. El corazón la quiere llevar hasta aquel escondite donde alguna vez se amaran, ¿Estará ahí aún esperándola?

Entre sus paredes puedes encontrar aún el aroma de su presencia, esa textura que se extiende en el aire y deja marcado el lugar para siempre.

¡Cuántos recuerdos guarda esa ciudad de su amor!”

Volvieron a sacar la brújula y agarraron camino hacia el sur. Recorrieron mucho pero sólo pasaron por muchos edificios y casas. Nada les llamó la atención, no parecían encontrar en ningún lugar el símbolo o ver algo que indicara un escondite.

Decidieron ir hasta la dama y comprobar que el símbolo era el mismo. En verdad parecía que el punto entre las líneas en lo que sería la cola estaba ahí, ¿Qué indicaría?

No teniendo más ideas de qué hacer, volvieron al orfanatorio y se sentaron en el patio en un rincón donde poder discutir.

Parece que se trata de un escondite o algo así”, dijo Iván.

Hicieron una lista de todos los posibles lugares que pudieran ser un refugio, “un ático, una cueva, un sótano” y así siguieron hasta que doña Mari los mandó a dormir.

Al día siguiente, después de la escuela se volvieron a aventar a la calle, está vez buscaban un refugio, así que sus ojos iban alertas a ver algo especial.

De pronto, una persona frente a ellos desapareció entre dos casas. Los niños la miraron primero impresionados y sin perder más tiempo la siguieron.

Estaban en un pasadizo muy delgadito entre los dos edificios, casi invisible a los ojos. Por ahí pasaron y encontraron que tenía una salida del otro lado también y en medio del callejón había una puerta de madera. Los chicos pronto encontraron que en uno de los tabiques estaba labrado el símbolo otra vez.

Se felicitaron unos a otros, mientras Ismael extraía el libro de su mochila para leer el siguiente párrafo.

Seguirá su búsqueda hacia el parque donde las gaviotas se enredan al noreste entre los puestos del mercado inglés. Tantos puestos, tanto que ver, pero sólo un lugar vale la pena visitar”.

Caminaron varias horas en la dirección indicada, pero nunca encontraron un parque o el símbolo en los edificios. Llegaron hasta una plaza pequeña en la que estaba erguida una fuente en el centro y algunos faroles antiguos, no encontraron más.

Volvieron cabizbajos, habían tenido la esperanza de haber encontrado el tesoro.

No se dieron por vencidos, al día siguiente volvieron a caminar en la dirección indicada, pero no encontraron nunca un parque.

Así que decidieron que la biblioteca debería de poder ayudarlos. Exploraron mapas de la ciudad, y no encontraron nada. Exploraron mapas de la época de la colonia, nada.

Varios días pasaron en esas búsquedas, pero no parecía existir el dichoso parque.

Los tres amigos se sentaron en el patio del orfanatorio, donde estuvieron dándole vueltas al asunto.

Estaban tan cerca de resolver el acertijo que Ismael estaba dispuesto hasta exponerse, ”¿Qué tal si le pregunto a Don Raúl?”, le preguntó a sus amigos.

¿Piensas que Don Raúl sabe algo sobre el libro?”, preguntó Iván

¡Claro! Si no, no te hubiera dado la brújula”, exclamó Nicolás.

Vamos a preguntarle”, decidió Ismael.

Los tres amigos llegaron a la biblioteca casi a la hora de cerrar. Don Raúl estaba recogiendo libros que otros habían dejado sobre las mesas y llevándolos con calma a sus estanterías.

Los chicos se acercaron a él. Nicolás empujó a Ismael, que se adelantó y saludó al bibliotecario, “Buenas tardes, Don Raúl”, dijo con la cara roja como tomate maduro.

¡Ismael!”, se sorprendió el señor, “hoy vienes un poco tarde”.

Sí, este…”, balbució, “Estos son Nicolás e Iván, le queremos hacer una pregunta

¿Ah sí?”, dijo mientras miraba en turno el rostro de cada chico, “a ver”, dijo simplemente.

Andamos buscando el parque inglés, según esto debe de estar en alguna parte de la ciudad pero no lo encontramos”, dijo finalmente el chico.

El parque inglés”, repitió el señor, “¿Será que ya no existe bajo ese nombre?, ¿Ya checaste en los mapas coloniales?

Ya, pero no aparece ningún parque inglés en ellos”, contestó Ismael.

Vamos a ver en la historia de la ciudad”, dijo Don Raúl, dejando todo lo que estaba haciendo para ayudar al muchacho.

Caminó hasta una estantería, sacó un libro y lo abrió, “Vamos a ver”, dijo y comenzó a hojear el libro, “Aquí, mira léelo tú mismo”.

Durante la época de la piratería, los mercaderes intercambiaban sus ganancias en el parque de la ciudad, hoy conocido como la plaza madero. Se tiene evidencia de que cuando volvían los piratas a tierra firme muchos guardaban ropas, abanicos, cajas, pipas y otros de sus botines menores y así los intercambiaban por otras cosas que parecían más interesantes. También los habitantes de la ciudad asistían a tal lugar para comprar artefactos traídos del mar, objetos ingleses o europeos eran especialmente populares”.

El corazón de Ismael casi se queda parado de la tristeza. Si el jardín lo habían convertido en plaza seguro todos sus secretos habían desaparecido.

Continuará….

Para ti, de

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