El Secreto del libro, segunda parte

Si quieres empezar nuevamente con la primera parte, aquí te pongo la liga: El secreto del libro, primera parte


… Al día siguiente, se levantó apresuradamente, hizo sus deberes que consistían en hacer su cama, ayudar a los pequeños en su cuarto a vestirse y tender sus camas; luego barrer la recámara o limpiar el baño, dependiendo del turno que le tocara.

Cuando llegó al comedor, tomó el periódico y se sentó a leer las noticias mientras desayunaba. Sí, Ismael leía las noticias con gusto.

Remodelación y limpieza de la dama que mira el mar”, leía el artículo, “Entre la calle 51 y la calle de Morelos, está erguida la estatua de “la dama que mira el mar”, como comúnmente es llamada. Más de 200 años vigila desde su lugar la entrada del mar. La gente ya no se detiene a admirarla y nadie recuerda qué hizo para merecerse que le irguieran una estatua, sin embargo, es un símbolo de la ciudad y merece ser cuidada como el tesoro que es. El lunes próximo comienzan los trabajos de renovación y limpieza”.

¿Será posible?”, pensó Ismael. Se apresuró a terminar su desayuno.

En menos de media hora se encontraba en la calle con su mochila al hombro caminando rumbo a la famosa “dama que mira el mar”, pero no iba solo, atrás de él dos figuras, no mucho más grandes que él, le seguían el paso.

Al llegar a su destino estuvo unos minutos buscando la estatua porque no estaba directamente en el cruce de las dos calles indicadas por el artículo.

Cuando por fin la encontró se quedó admirándola, dio una vuelta a su alrededor y se quedó viendo su rostro. Sacó el libro de su mochila y leyó en voz alta las palabras que la describían.

Aunque la dama estaba apoyada en el este, siempre su rostro observaba al noreste, esperando a que desembarcara del mar aquél que se fue y no volvió más.

Tienes que apreciar sus ojos profundamente para entender su corazón y con él, el desaire que hace su barbilla al horizonte.

Si te enamoras de ella y quieres junto a ella quedarte, su frío te cortará”.

Sus ojos parecen ser lo importante, si me preguntas”, dijo una voz a sus espaldas, Ismael se giró de golpe.

¡Nicolás, Iván!, ¿Qué hacen aquí?

Es lo mismo que queremos saber de ti”, dijo el dueño de la otra voz..

yo… yo …yo”, intentó explicar Ismael, pero nada se le ocurrió. Estaba frente a sus mejores amigos, y la verdad es que no se le había ocurrido detenerse a incluirlos en la aventura.

No estás en la biblioteca, ¿Qué estás tramando?”, preguntó Nicolás.

Está bien, está bien”, dijo Ismael levantando las manos, “no creo que sea nada malo”. Así les contó la historia de cómo había encontrado el libro, “Creo que la historia contiene pistas, como si fuera un mapa”, terminó su explicación, “vamos ríanse”.

Nadie se rió.

¿Es un tesoro?”, preguntaron los dos muchachos como de una voz.

Ismael miró de uno al otro de sus amigos con la boca abierta. Decidió confiar en ellos y, si encontraban el tesoro compartirlo.

Se sentaron en la base de la dama que mira el mar. Les leyó el prefacio y hasta donde él había leído. Les contó del artículo del periódico con la explicación de la dama.

¿Tú piensas que es ella?”, preguntó Nicolás.

Definitivamente”, contestó Ismael seguro de sí mismo.

Así que después de mirarse con los ojos llenos de aventura, se levantaron y comenzaron a explorar a la dama.

Los tres amigos se agacharon, Ismael se colocó detrás de ella para seguir su mirada que efectivamente miraba hacia el mar. La calle era como un río de coches que desembocaba al mar, desde ese lugar podías verlo como un suspiro.

No encontraron más evidencias.

El cuento dice que sus ojos los tienes que entender”, dijo Iván.

Los tres se acercaron a los ojos lo más que pudieron y se dieron cuenta que sus pupilas no eran perfectamente redondas, sino que eran más bien como un triángulo, pero como que el escultor no pudo cerrar bien las puntas porque se salían un poco hacia la derecha.

¿Querrá decir algo?”, preguntó Ismael al viento.

Después de darle otra explorada a la dama, decidieron volver al orfanatorio. Antes de entrar en él Ismael se paró enfrente de sus dos amigos, “No le pueden contar a nadie”, les dijo mirándolos directamente a los ojos.

Hicieron un pacto con las manos unidas y una mano en el pecho. Eso le bastó a Ismael.

Ismael llegando al orfanatorio se dirigió a su cuarto y reflexionó sobre los ojos de la dama, no lo dejaban tranquilo.

Después de la cena los tres amigos encontraron una esquina donde conversar tranquilos. Ismael sacó el libro y les leyó la siguiente parte del cuento.

Donde su mirada se pierde, en la calle a orillas del mar se encuentra su banca favorita. En ella dejó sus palabras bellamente guardadas para el ausente”.

Necesitamos una brújula para caminar hacia el noreste, eso es lo que dice en el párrafo anterior”, dijo Iván

¿Hasta dónde crees que debemos ir?”, preguntó Nicolás

La mirada ve el mar o anhela el mar, tal vez debemos ir hasta allá”, meditó Ismael.

¿Cómo vamos a conseguir una brújula?”, pensaron los tres

Al día siguiente estaba lloviendo, así que no pudieron salir, de cualquier manera, no tenían el instrumento que les indicara la dirección.

Ismael estaba terminando de tender su cama cuando doña Mari asomó la cabeza por la puerta del cuarto.

Ismael, te llama don Raúl

El chico se puso muy nervioso, ¿Será que descubrieron que se llevó el libro? Con el corazón dándole brincos que casi hacían que su sudadera se moviera al ritmo, fue hasta la oficina del orfanatorio donde tomó la llamada.

Hola

Ismael, soy Raúl, ¿Verdad que querías leer las mil y una noches?

¡Ah, Sí!” dijo con alivio el chico y empezando a respirar normal preguntó, “¿Ya lo devolvieron?

Sí, ayer. ¿Te lo aparto? ¿Vienes por él hoy?” inquirió don Raúl.

Sí, voy después de mis deberes”, dijo Ismael.

Antes de salir del orfanatorio fue hasta donde Iván y Nicolás. Les dijo que iba hasta la biblioteca y después deberían sentarse a planear.

Ismael llegó a la biblioteca empapado y nervioso, ¿Será que don Raúl lo iba a cuestionar sobre el libro de la caja que decía “inadecuados”?

Don Raúl estaba acomodando libros cuando Ismael entró a la biblioteca.

¡Mira cómo vienes!”, exclamó risueño el señor, “Lo bueno es que el libro lo entregaron en una bolsa de plástico y así quedó guardado, no vaya a terminar como tú”.

Caminaron juntos platicando del clima hasta la caja. Don Raúl levantó el pedazo de mesa que era puerta a la vez, se agachó tras la mesa, al levantarse tenía en las manos una bolsa verde.

Tu tarjeta, por favor”, le ordenó al chico, quien sacó su tarjeta de su mochila y se la pasó a don Raúl que a su vez hizo el registro en la computadora. Al final de ese ejercicio le dio al chico la bolsa y encima de ella la tarjeta.

Atrás de él llegaban otros clientes hacia la caja para que don Raúl los atendiera, así que Ismael agradeció y le dio la mano al señor para despedirse y comenzó su camino.

Después de unos pasos algo lo hizo ver dentro de la bolsa, en ella estaba el libro y… Ismael sacó el objeto y se giró a ver a don Raúl que estaba ocupado, Ismael podía jurar que lo vio un momento y le guiñó el ojo.

Ismael guardó el objeto y salió casi volando, muerto de ganas de enseñarle la brújula a sus dos amigos.

Continuará….

Para ti, de

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