El Secreto del libro, primera parte

Te presento a Ismael.

Ismael vive en un orfanatorio junto a otros niños y niñas que no tienen padres o tal vez sus padres tienen algún tipo de problema que no les permite cuidar de ellos.

A Ismael le gusta mucho leer, por suerte vive cerca de la biblioteca de la ciudad, donde ya es miembro no sólo activo, sino querido de los bibliotecarios.

Sea que vaya y se siente a leer en la biblioteca o saque los libros por unos días, el chiste es que casi diario puedes verlo en alguna de las mesas o sillones de las salas.

En el orfanatorio les lee o les narra las historias que más le han gustado a sus amigos o compañeros.

Todos en la biblioteca conocen a Ismael, pero especialmente Don Raúl, que le ha tomado mucho cariño al niño porque parece tener una pasión por los libros genuina y parecida a la de él.

Así que cuando Ismael lo necesita, le ayuda a buscar cosas que leer que sean interesantes y adecuadas para su edad, aunque Ismael ya ha leído libros de historia y una que otra enciclopedia.

¿Te imaginas que Ismael conoce la biblioteca como la palma de su mano? Sin embargo, hay un cuarto que Ismael no conoce, sólo ha visto la puerta cerrada. Don Raúl le cuenta que ahí es donde se guardan libros maltratados que necesitan ir al restaurador (el doctor de los libros) o guardan material o muebles necesarios para los días que hacen exposiciones.

Hoy la puerta del cuarto está abierta. Ismael se queda mirando un buen rato en su dirección, como cuidándola o decidiendo qué hacer. Su curiosidad puede más que él. Primero atraviesa sólo su cabeza por la puerta y dice “hola”, ya que nadie le responde su cuerpo acompaña a la cabeza dentro del cuarto.

Es un cuarto amplio con estantes repletos de cajas y objetos grandes, por lo menos en los ojos de Ismael. En el piso del cuarto también hay cajas esparcidas, Ismael se adentra despacio, esquivando cosas en su camino, mientras observa todas las cajas y sus etiquetas.

Pasa por cajas que simplemente dicen “decoración primavera” o “decoración día del niño”. Otras leen “para reparación”. Mientras va caminando y leyendo se tropieza con una caja a sus pies, volteándola a ver, observa que la caja no está bien cerrada, al fijarse de lado a la descripción lee en un suspiro “inadecuados”.

Voltea a ver hacia la puerta para asegurarse que nadie lo siguió y luego voltea a ver la caja y leer nuevamente la identificación “inadecuados”.

¡Esa curiosidad no le da un respiro! Muy despacio abre la caja y dentro de ella hay un único libro. Sin dudarlo Ismael lo agarra y sale rápidamente del cuarto. Mira a su alrededor para asegurarse que nadie lo ha visto. Camina veloz, recoge su mochila que había dejado en una mesita y se apresura a salir de la biblioteca.

Suspira de que nadie lo ha visto, pero realmente don Raúl lo siguió con la mirada al salir de la biblioteca. Ismael nunca ha salido así, sin decir adiós.

Don Raúl revisa con la mirada la biblioteca buscando la causa de qué pudo hacer que el niño saliera tan veloz y descubre la puerta abierta. Al entrar en ella descubre la caja vacía y sonríe, “vamos a ver cuánta duración tiene ese muchacho”, susurra para sí mismo.

Ismael esperó a que todos estuvieran dormidos para abrir el libro.

El cuento del tesoro”, leía la primera página. Uno de esos títulos que te ponen la piel chinita.

“PREFACIO

Se cuenta la leyenda de un pirata que había encontrado un tesoro, un tesoro importante y su temor más grande era que alguien más lo encontrara.”

Se escuchó a lo lejos un portazo, o ¿Habrá sido cerquita? Ismael separó la mirada de su libro y vió hacia la puerta, pudo escuchar los pasos que anunciaban a doña Mari en su vuelta nocturna para asegurarse de que todos los niños estaban en sus camas.

Ismael escondió el libro bajo el colchón y puso otro libro bajo su almohada. Doña Mari lo encontró con los ojos bien abiertos y esa cara de culpabilidad.

Ismael, Ismael…” dijo con su voz dulce.

No puedo dormir”, contestó Ismael sin poderse quitar la cara de travesura que a veces se le pega a uno.

Doña Mari metió la mano bajo la almohada y sacó Robinson Crusoe, “¿Cuántas veces lo vas a releer?”, le preguntó mientras lo ponía en la mesita de la cama y acurrucaba al muchacho con sus cobijas “Es hora de dormir o mañana vas a amanecer con cara de búho desvelado”.

Ismael se acurrucó en su cama pretendiendo dormirse. Cuando doña Mari salió, su curiosidad pudo más que él y sacó el libro con mucho cuidado y una linterna.

El pirata no era malo, era más bien suertudo, ese tesoro lo había convertido en un hombre rico y poderoso. Muchos querían saber su secreto, pero éste fue discreto hasta el día de su muerte.

El pirata no hizo un mapa, cualquier otro pirata podría leerlo fácilmente y encontrar el tesoro.

En base de que muchos piratas no podían pensar y mucho menos leer, decidió escribir este cuento para que sólo una persona merecedora pudiera descifrar el lugar donde el tesoro estaba escondido entre sus letras.

Las palabras del cuento fueron pasadas a este libro hace muchos años, pero nadie ha podido encontrar el tesoro; o si lo han hecho, hicieron suyo el secreto, porque no lo han contado.

Felipe Carroza

La mirada de la dama

Esta era una vez una ciudad muy próspera. Cada cambio del calendario daba a apreciar su crecimiento. Por donde quiera que caminaras podías observar su riqueza.

Sin embargo, esta ciudad había sido fundada con el tesoro de otros. En su aparente brillo estaba oculto el rostro negro de los piratas más grandes que la historia ha conocido.

Tan poderosos eran en esa ciudad que protegían a sus habitantes de otros ataques piratas. Los habitantes aprendieron a vivir con sus piratas poderosos y algunas veces con su crueldad.

Esta era la ciudad perfecta para esconder algo valioso, porque esta era la ciudad con menos ladrones del mundo o más bien los ladrones más grandes del mundo tenían sus guaridas a plena luz del sol.

En esta ciudad habitaba una dama de renombre. Ella era testigo de los acontecimientos de la ciudad. Sabía todos, desde los más insignificantes hasta los más históricos acontecimientos.

La dama moraba al este de la ciudad y era muy conocida, tan conocida era que cuando las personas caminaban frente a ella, la ignoraban, aunque ella lo guardaba todo en su memoria.

Aunque la dama estaba apoyada en el este, siempre su rostro observaba al noreste, esperando a que desembarcara del mar aquél que se fue y no volvió más.

Tienes que apreciar sus ojos profundamente para entender su corazón y con él, el desaire que hace su barbilla al horizonte.

Si te enamoras de ella y quieres junto a ella quedarte, su frío te cortará”.

Fue el último párrafo que Ismael pudo leer esa noche, porque volvió a escuchar pasos afuera. Escondió el libro bajo el colchón nuevamente y se acostó sin la luz, pero esta vez sí se quedó dormido y tuvo el sueño más extraordinario, soñó que estaba en un laberinto y a cada vuelta aparecía un letrero con la pregunta “¿Te atreverías?”

…continuará…

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