La cueva

Mamá, ¿me prestas estos cojines?”, dijo una vocecita detrás de la madre que estaba pelando papas parada frente al lavabo de la cocina.

Claro tesoro”, dijo volteándose a ver lo que el nene traía en las manos.

La madre escuchaba ruidos de sillas moviéndose y discusiones acaloradas de varios niños atrás de ella, en el comedor.

Mamá, ¿tenemos más cojines?”, gritó una voz desde el comedor.

Cojines… cojines”, pensó la mamá distraída, “puedes agarrar los que están en el sofá de la tele

¿Tenemos más?”, gritó la voz de regreso

mmm…”, pensó la mamá, “sólo los que están de decoración en las camas, no hay más”

¿Con qué podemos hacer paredes?“, preguntó otro niño más pequeño junto a la madre en la cocina.

La madre, sin dejar de mover el contenido de la cazuela, miró al niño, “¿Qué tal unas cajas?”, el chiquitín echó a correr fuera de la cocina.

Se escuchó una estampida como de caballos entrando a la cocina, “¿Dónde están las cajas?”, preguntó el más grande, mientras todos le brincaban a la madre alrededor.

Están debajo de la escalera, en el closet más cercano a la pared, son grandes, están desdobladas, eran los cartones de la mudanza”.

La estampida salió corriendo de la cocina, escalera abajo. Por un rato se escuchaba como los niños subían y bajaban escaleras cargados de cosas aparentemente pesadas.

La madre sintió como alguien entraba en la cocina, abría el closet debajo del lavabo y sacaba una extensión de luz, cerraba las puertas y se marchaba sin decir una palabra, la madre simplemente sonrió.

Pronto se escuchó de un cuarto en el piso más bajo, como alguien movía un mueble.

El ruido de una construcción se volvía a escuchar del comedor, por un rato fue pacífica, de repente una discusión se dejó venir.

¡Yo quiero también poner paredes!”, gritaba el chiquitín.

¡No jales la cobija!”, le contestó uno de los más grandes.

Niños, niños, no peleen”, dijo simplemente la madre desde la cocina.

¡Nos van a ver!”, exclamó el tercero al ver el agujero que quedaba entre las cobijas.

¡Wow! Ahora entiendo para que necesitan todo lo que me han pedido, ¡Hasta una lámpara tienen!”, exclamó la madre llegando al comedor, con una sonrisa en el rostro, los ojos brillantes y las manos enlazadas frente a su pecho.

Frente a ella la mesa del comedor había desparecido, alrededor de ella había unas cobijas extendidas y a los lados las sillas estaban volteadas de manera que se podía uno sentar, pero la mesa le quedaría a uno en la espalda, y por todos los lados había cojines y cajas haciendo paredes.

¡Tengo algo mejor!”, gritó de repente la madre mientras salía corriendo. Los niños se voltearon a ver con los ojos grandes, pero antes de que pudieran comentar el punto, la madre estaba de vuelta con una tela enorme.

Son las cortinas que teníamos en la casa anterior”, los niños sonrieron de emoción, salieron de su escondite y entre los 4 acomodaron la cortina encima de la mesa.

Nuestra cueva está lista”, dijeron los tres chiquitines, chocándolas mientras observaban orgullosos su obra de arte.

¿Dónde están los caballeros de esta casa?”, dijo la voz del padre mientras cerraba la puerta de la calle.

¡Nos tienes que encontrar!”, gritó la voz del más pequeñito.

Tan tan

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