La historia de una joya: Quinto Capítulo: La Cueva

Esta es la última parte de La historia de una joya , si quieres leer las otras partes sigue el tag #lahistoriadeunajoya

Comenzaron a subir por un camino muy delgado que se fue haciendo más pedregoso a cada paso que daban. De vez en cuando se detenían bajo una sombra o en algún manantial a refrescarse y descansar.

Chien necesitaba más pausas.

El murmullo de una cascada se comenzó a escuchar y el camino comenzó a convertirse en peñascos que había que escalar.

El sonido de la caída del agua se fue convirtiendo lentamente en un “siseo” ensordecedor, las piedras se hicieron más resbalosas y el camino más difícil.

Estaban ahora junto un pequeño barranco, abajo podían ver el brillo del agua de una laguna de aguas azuladas.  “Aquí es”, le gritó Angela en el oído a Chien

“Aquí es ¿qué?”, preguntó Chien

Donde comenzamos nuestra aventura la última vez

¿Quieres decir que aún no la hemos comenzado?

Claro que lo hicimos”, dijo Angela sonriendo, “pero al cruzar esta cascada la vez pasada morimos.

¿Cómo así “cruzar la cascada”?

Vamos a tener que meternos en ella, atravesando toda el agua y las rocas dentro. La última vez no lo logramos Angel

¿Por qué me continúas llamando Angel?”, le preguntó Chien viéndola directo a los ojos.

Me acostumbré la otra vez, porque tu decías que nos íbamos a convertirnos pronto en ángeles

Aunque hubieran querido hablar, no se hubieran escuchado, el sonido se hizo ensordecedor, mientras fue apareciendo frente a ellos una cortina de agua muy ancha y muy alta.

Chien se quedó observando de pie la cascada, buscando una manera de entrar a ella. Angela al ver lo que estaba haciendo se paro junto a él y los dos observaron un buen rato.

Llegaron a la misma conclusión, en ambas caritas se abrió la sonrisa de felicidad, Angela jaló la camisa de Chien señalando al mismo lugar donde Chien estaba mirando.

En espacios intermitentes, la cascada cambiaba ligeramente el lugar donde caía, ofreciendo un pequeño hueco en el que se pudiera entrar bajo el manto de agua que se precipitaba con fuerza y velocidad; el choque de esa agua, se los llevaría directo hacia la laguna abajo.

Angela tomó de la mano a su Angel y continuaron su camino sin perder de vista la pequeña entrada que la cascada les mostraba como invitándolos.

Mientras más se acercaban más sentían el impacto del agua queriéndolos empujar hacia el vacío. Tomados de las manos y pensado en poner un pie y luego soltar el otro, se atrevieron a prepararse a brincar cuando el agua les mostrara la apertura.

Primero brincó Chien con un salto que le tomó su energía, después la chiquita se puso en posición. Desde que brincó, Chien pudo ver que no llegaría; se abalanzó con sus brazos, la pudo agarrar en los antebrazos y jaló con lo poco de energía que tenía.

Angela cayó encima de Chien sobre el piso de una terraza entre la cascada a la derecha como cortina y a la izquierda una entrada en la que un hombre a la vez podía pasar.

Entraron en una cueva oscura y húmeda. La caminata no había terminado. A oscuras, tomados de las manos y tocando las paredes, avanzaron lentamente.

Por fin, una luz azuleada al final de la cueva comenzó a permitirles ver lo extraordinario del pasillo angosto por el que caminaban.

Podían colocar una mano en cada pared, de lo angosto que era. Hacia arriba no se veía nada, simplemente subían las paredes hasta tocar una oscuridad intensa.

De pronto, Chien sintió algo entrar en su corazón, era como si lo pellizcaran, Angela lo sentó en el piso y fue a explorar por sí misma.

Mientras tanto, Chien pensaba sobre su vida, pensando lo maravillosa que era y después de tanto sufrimiento esta pequeña aventura junto a Angela había valido mucho la pena.

Angela regresó gritando emocionada, “Ella es, tiene que serlo. Es una piedra tan grande como el cielo Angel y está vestida del azul más hermoso que he visto”.

Chien se paró y despacio caminaron juntos hasta la piedra, fue el milagro más maravilloso que hubiera visto o vivido.

Los dos se quedaron parados simplemente observando la piedra. Los absorbió, tomó todos sus dolores y penas y los convirtió en paz.

Voy a dejar mi corazón aquí Angela, voy a dejar mi alma, así otros la pueden tomar”, le dijo Chien a Angela.

Por favor Angel, te acabo de encontrar, no me dejes”, respondió Angela con los ojos llenos de lágrimas.

No te estoy dejando, encontramos la piedra, mírala, repleta de la energía que le estamos dando. Por favor ve a mi casa, encuentra a mi familia y dales prueba de que hice algo que valió la pena, que lo hice por ellos y por el resto del mundo.

Primero Chien cortó tres piedras pequeñas de la piedra grande y las colocó en el piso, después le tomó las manos de Angela y junto con las suyas las colocó sobre la piedra, donde había hecho los cortes..

Chien comenzó a elevarse, poco a poco se hacía transparente, sonreía con la paz y la alegría de haber llegado a la cumbre.

Angela sintió como un viento la atravesaba y se llevaba un pedazo de su alma con él, el pedazo que le pertenecía a Chien, su Angel, se mimetizaba en la roca azul, que palpitaba alegremente recibiendo la nueva alma que llegaba completa.

Ese día Angela no tuvo fuerza para volver.

Al día siguiente tomó las tres piedras que yacían aún en el piso y comenzó a caminar decidida, esta vez siguió un pequeño arrollo que comenzaba desde la piedra, quien lo iluminaba como marcándoselo a la chiquita.

Logró salir a la luz por un costado de la cascada, y caminó hacia la laguna. Poco después se llevó una sorpresa, toda la tripulación estaba nadando en ella.

Su madre estaba sentada con los pies en el agua separada de los demás, triste y sola.

La chiquilla pegó un grito que nadie escuchó, pero muchos la vieron correr como aparición hasta la madre.

Antes de bajar del barco les dio a los piratas una de las piedras, así pagando su libertad y la de su madre. La otra piedra se la entregó a la familia de Chien cuando los encontró, después de mucho buscar.

Hasta el día de hoy conservó la última de las piedras, puede que no recuerde mucho pero sabe que esta fue la última de sus aventuras.

Siente la presencia de Chien, está segura que él la ha guiado por su vida, para no dejarla ir, para que cuando el día llegara de su partida, por fin serían una única alma.

Lo que le da a esta piedra so infinito valor no es su brillo, no el color o la forma, son los sentimientos que te permite vivir. Esta es una piedra que vive en tu corazón por siempre.

Tan Tan

para tí, de

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Procesando…
Felicidades! Estás en mi lista.

Créditos

Otra vez le agradezco a Bgm94 por sus excelentes clases de cómo dibujar muñequitos, continúo mi curso.

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