La historia de un joya: Segundo Capítulo – Angel

Si quieres leer el primer capítulo: el escondite, aquí está la liga

Chien ya no era un hombre muy joven. Tenía pequeños ojos negros, llenos de historias sorprendentes. No era más alto que un metro sesenta, el pelo era lacio y negro y sus manos estaban llenas de arrugas y heridas, signo de una vida llena de trabajo y tal vez, dolor.

Alguna vez escuché que las manos de los humanos te pueden decir a lo que ella o él se dedica, y cuánto se cuidan a sí mismos.

En otra parte del Brighton Shore una mujer de pelo amarillo y ojos azules estaba abordando tomada de la mano de una creatura de pelos rizados que parecía más una muñeca que una niña.  Llegaron al barco como una princesa camina por el pasillo de una catedral a recibir su corona.

La niña inmediatamente se soltó de las manos de su mama y corrió por el barco, ella sabía que sería su casa de muñecas. Las cabinas, la escotilla, la cocina, las celdas, todo en ese barco era de ella, tomó posesión y se sintió libre.

Cada vez que alguien bajaba hasta el almacén donde estaba Chien (pensando que era carne seca) comenzaba a temblar y sudar, rezándole a todos los dioses que su barril no fuera ser abierto esta vez.

Por ahora había tenido suerte, ser descubierto no era su más grande deseo en esos momentos.

Abrió los ojos y escuchó de nuevo. Se escuchaban pasos ligeros y rapiditos bajando las escaleras, pequeños y cuidadosos pasos cada vez más cerca de él. De pronto corrían y luego nada. Ahora eran lentos, como no queriendo despertar a alguien.

Su corazón quería abandonar su pecho, ni siquiera se dio cuenta si estaba respirando fuerte o bajo, quería que esta tortura acabara.

“¿Estás aquí?”, preguntó una vocecita alrededor de su barril, “sé que estás escondido, pero está bien, pienso que es seguro ahora para salir

Estaba impresionado. ¿Cómo sabía esta creatura de que estaba ahí escondido? ¿Cómo pudo haber pasado? Lo peor es que la dueña de la voz no estaba parada frente a su agujero, no la podía ver.

¡Por favor sal de tu escondite!”, rogó la voz, “mi ángel, yo te voy a cuidar, lo prometo”, pero nadie contestó la oferta.

Otra vez se escucharon pasos pequeñitos que corrían alejándose hasta subir por la escalera y cerrar las puertas. Todo volvió a quedarse quieto, de la manera que debería de ser. Pero Chien se quedó atrás con la inquietud de saberse expuesto, sin explicación lógica.

Otro día pasó, estaba viviendo los días más largos de su vida; solo y pensativo sobre su pasado, su futuro y su presente… ¿Qué presente? Realmente estaba permitiendo que su vida se le resbalara entre los dedos dentro de un barril apestoso lleno de carne seca.

Otra vez volvió a escuchar pasos pequeños, esta vez corrieron directamente hasta el barril donde estaba escondido.

La creatura se puso a darle vueltas a su barril y rogando nuevamente, “¡Por favor, sal! ¿Qué es lo que te está manteniendo dentro tanto tiempo? Yo pensé que ya estarías contándome todas las historias que te has guardado para ti por tanto tiempo.”

No sabía qué hacer. Esta creatura sabía que estaba dentro y de alguna manera él sabía que la creatura sabía de su vida.

De repente una piedra azul se mostró por el agujero que había hecho y guiñó, su corazón estaba palpitando más y más fuerte, del susto se echó para atrás con tanta fuerza que el barril se sacudió un poquito. El ojo desapareció. Se hizo silencio por un momento.

¿Por qué tienes miedo?“, dijo la voz con un temblor en ella, “Viniste aquí por mí, y estas escondiéndote de mí… ¿me tienes miedo?

Otro minuto de silencio.

¿Có… cómo sabes que estoy aquí?”, finalmente se atrevió a preguntar Chien, después de darse cuenta de que no tenía otra opción.

El ojo azul como zafiro volvió aparecer en el agujero.

Cómo, ¿No te acuerdas?… tú me dijiste… ¡Ah, es un juego!, ¡¡no me dijiste que íbamos a jugar!!!

Chien no tenía idea de lo que la creatura hablaba, así que se quedó callado.

Está bien, pero si adivino de qué se trata el juego, sales, ¿lo prometes?“, dijo la voz en tono de mando.

Se…s..seguro”, respondió Chien desde el fondo de su barril.

¡Se trata de la cueva! Todos los obstáculos que tenemos que esquivar. Me quieres decir que vamos a estar escondidos, que nadie nos puede escuchar, que vamos a estar rodeados de peligro y por eso tenemos que estar protegidos

¿Qué?, ¿Qué cueva?

¡No seas así, se trata de un juego no de un juicio sobre si me acuerdo de todo lo que dijiste!

Se hizo otra vez silencio.

Angel de mi corazón, por favor sal de tu escondite, si no se trata de la cueva, no sé qué me estás tratando de decir”, contestó al silencio una voz decepcionada y obviamente triste.

De pronto, Chien se dio cuenta que esta creatura sabía algo que él no sabía, no estaba más a salvo, porque lo habían descubierto y tenía muchísima curiosidad de saber lo que tenía que contarle.

Necesito que traigas algo para mí, piedra azul”, dijo despacio Chien.

¿Vamos a jugar nuevamente?

No, no hay juegos. Necesito salir de aquí y para eso necesito que me traigas algunas cosas sin que nadie se dé cuenta”.

¿Qué te necesito traer?

Chien le dio indicaciones precisas a la creatura de qué debía traer para poder abrir el barril. Cuando terminó de darle instrucciones escuchó como los pasitos se alejaron y corrieron escalera arriba.

Minutos, si no es que fueron segundos, se escucharon pasitos corriendo hacia el barril. Una palanca y un martillo pasaron por el agujero.

Chien le dijo a la creatura que volviera al día siguiente, porque tenía mucho trabajo que hacer. Inmediatamente después que escuchó como se cerraba la puerta del almacén comenzó a martillar, con el corazón volcándosele y su alma diciéndole que prosiguiera.

Al primer resplandor, dos ojos azules se abrieron ampliamente y salió de la cama. Angela se vistió sigilosamente y salió de la cabina sin hacer ruido para no despertar a su madre.

Corrió lo más rápido que pudo hasta las celdas de debajo del barco. Abrió la puerta del almacén cuidadosamente y entró. ¡Había esperado este momento tanto tiempo! Comenzó a caminar lentamente hacia el barril para disfrutar el nerviosismo y combatir su ansiedad.

Cuando estuvo cerca llamó a Chien “¿Angel?”, pero nadie respondió. De entre los barriles se paró un hombre pequeño vestido con una camisa amarillenta y un pantalón negro corto y deshilado, señal de que había trabajado mucho tiempo en él.

Juntó sus manos emocionada y salió corriendo hasta donde él estaba parado. Lo abrazó como si fueran lo hubiera estado esperando a la llegada de un barco.

Continuará….

Para tí, de

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Procesando…
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Créditos

Otra vez le agradezco a Bgm94 por sus excelentes clases de cómo dibujar muñequitos, continúo mi curso.

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