La clínica de la calle Jacarandas

Cabizbaja caminaba Valeria por la calle; quería tanto un perrito, pero su mamá no la dejaba.

Iba de camino a casa de su abuela, ella entendería perfecto, las dos son amantes de los animales.

Valeria es una persona de animales, no una persona de personas”, le decía la abuela a la madre de Valeria para explicarle el porqué de que su hija prefería estar rodeada de animales que de amigos.

Vamos a hacer un chocolate y me platicas”, era siempre lo que su abuela decía al verla llegar arrastrando los pies.

Varios días después de que aconteció eso, Valeria se encontró a un compañerito de la escuela sentado en una banqueta con su tortuga entre las manos.

Hola Samuel, ¿esa es tu tortuga?”, le preguntó Valeria.

Samuel levantó la vista y con ojos nublados le contestó, “Sí, se llama Tampico, pero está enfermo, no quiere comer, mi mamá no está y tengo miedo”.

Valeria se quedó pensativa un minuto, después en tono de consuelo dijo “yo voy a casa de mi abuela, porque no vienes conmigo, mi abuela siempre sabe qué hacer”.

Los dos pequeñines llegaron a casa de la abuela, quien de inmediato puso manos a la obra, “Se ve muy seca, ¿puede ser que no estaba en el agua?”

“Sí tiene agua, pero como que no quiere entrar en ella”, le respondió Samuel.

¿Cuándo fue la última vez que le cambiaste y limpiaste el tanque?”, preguntó Valeria

mmmm…. “, pensó Samuel

Necesitas cambiarle el tanque, limpiar la arena y demás por lo menos cada semana”, lo regañó Valeria mientras acariciaba a la tortuga.

La abuela tomó la tortuga con cariño entre sus manos y le dio un baño bajo el chorro de agua.

Después, le dio a Samuel en un frasquito con gotero, las indicaciones de darle una gota cada hora y limpiar su tanque inmediatamente.

Valeria lo acompañó a su casa, entre los dos limpiaron el tanque, que parecía un pantano de lo sucio que estaba.

Después fueron hasta el refrigerador y sacaron una hoja de lechuga que pusieron en el estanque con Tampico.

Tampico se comió toda la hoja de lechuga y comenzó a atacar su propio alimento”, reportó Samuel en la escuela al día siguiente.

Varios días después Paula vino a ver a Valeria a su casa, su pajarito no quería cantar, parecía estar muy triste.

Valeria se la llevó a casa de su abuela. Ahí la que cuestionaron de los hábitos de limpieza y demás.

Valeria y su abuela revisaban al pajarito, Valeria levantó el ala derecha y se dio cuenta de que tenía una pequeña herida bajo ella.

La abuela salió del cuarto rascándose la barba, regresando unos minutos después con un ungüento. Se lo untaron bajo el ala y mandaron a la nena a su casa con todo y ungüento con indicaciones de untarle un poquito 3 veces al día.

Hizo un sonido que parece como que quiere volver a cantar”, reportó Paula al día siguiente muy contento.

Dos días después Nicolás habló con Valeria durante el recreo para contarle que su hámster tenía una bolita en la panza y no sabía que era.

Tráelo a las 4 a casa de mi abuela y lo revisamos”, le dijo Valeria, “es en la calle de Jacarandas, no está lejos de aquí”.

Cuando Valeria entró en la casa de su abuela, escuchó mucha acción desde el cuarto que había sido la oficina del abuelo.

¡Ya llegaste! Yo aún no termino, te quería dar una sorpresa. ¡Mira! Qué te parece si en esta mesa ponemos toallas para atender a los animales”, empezó a explicarle a la nena, mientras se movía y le enseñaba las cosas, “acá podemos guardar vendajes; en el mueble podemos poner ungüentos y cremas, por acá toallas limpias”.

Abuela, ¿de qué hablas?”, le preguntó Valeria.

De una clínica de Animales, nuestra clínica de Animales”, contestó triunfante la señora.

Valeria se quedó paralizada con los ojos grandes y las manos sobre el pecho, después del impacto corrió a abrazar a su abuela y darle muchos besos, “¡Es una idea estupenda!”.

A las cuatro llegó el primer paciente, el hámster de Nicolás, “Se llama Poncho y ve tiene una bolita en el vientre”.

Valeria tomó con mucho cuidado a Poncho y lo colocó sobre la toalla en la mesa, la abuela tocó la barriga y sonrió, “ahora inténtalo tú”, le ordenó a Valeria.

La chica tocó y sintió un movimiento, “es una de esas bolitas que se van después de unas semanas”, bromeó viendo a Nicolás, “no es Poncho, sino Poncha y en unas semanas tendrás hámsteres bebés”.

Nicolás se rascó la cabeza mientras su cara se llenaba de sorpresa, “¿Poncho es una niña?”.

No tardaron en aparecer más pacientes; un niño le fue informando al siguiente y pronto la clínica de la calle Jacarandas se hizo un lugar popular.

Una vez llegó un muchacho joven con un cachorrito. Valeria casi se derrite de la emoción de poder acariciar a un perrito.

¡Ay que hermoso pellito!, ¿Cómo se llama?”, preguntó la nena

Se llama algodón y yo soy Armando”, dijo el muchacho  

¿Qué es lo que tiene?”, le preguntó Valeria al muchacho.

Hoy en la mañana vomitó dos veces”, le contestó éste.

¿Ha tomado agua?”, quiso saber la abuela.

Sí, hoy se la cambié porque casi se la acababa

¿Comió ayer?”, preguntó Valeria, siguiendo el cuestionario del cual eran muy famosas.

Sí, cenó ayer en la noche todo su plato

¿Tiene un jardín en el que sale y tú no lo ves?“, insistió Valeria, la abuela asintió la cabeza por detrás.

Sí, ¿Cómo sabes?

Es normal que los cachorros se coman de todo, como los bebés. Es posible que su vómito sea simplemente que su cuerpo está intentando sacar algo que le hizo daño”, respondió Valeria

Entonces, ¿Qué me recomiendas hacer?”, inquirió el muchacho

Yo recomiendo”, dijo Valeria mientras buscando aprobación en los ojos de su abuela, “que esperes un día más a ver si come normal y deja de vomitar.

La abuela asintió la cabeza satisfecha.

¿Si no?”, preguntó Armando

“Probablemente sea algo más serio, tendrás que llevarlo al doctor, desafortunadamente nosotros no tenemos suficiente conocimiento o medicinas para ayudarlo, ¿Conoces a un veterinario?”.

De hecho, yo soy el doctor”, dijo sonriendo el muchacho viendo a la nena y a su abuela.

¿Por qué lo trajiste entonces?”, preguntó Valeria levantando las cejas.

Yo había escuchado de su clínica, y quise asegurarme de que ustedes saben lo que hacen”, explicó Armando

¿Te gustó lo que te dijimos?

Estuvo perfecto, cuando tengas casos más complicados, me los puedes mandar a mí.”, dijo Armando extendiéndole una mano.

Valeria y su abuela sonrieron de oreja a oreja.

“¿Te puedo pedir algo más?”, dijo tímida Valeria

A ver”, contestó Armando

¿Puedo a veces jugar con tu perrito?”.

Tan tan

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Créditos

Las imágenes las dibujé usando como base fotografias de mi perrito, el agua de la llave basada en una fotografía de Shutterstock.com y la tortuga de marginata.dk. Los dibujos de las personas usando las instrucciones del canal de Bgm94 en YouTube.

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