En un lugar en África

Sisay y Johari estaban jugando a ser cazadores cerca del pueblo donde viven. Jugaban a camuflarse entre la hierba y los árboles antes de atacar al antílope que ellos veían venir corriendo a toda velocidad.

Entretenidos y después de cazar un antílope, matar a un león y haber logrado escapar del cuerno de un rinoceronte, los niños vieron que el sol ya se encontraba a la altura entre los árboles, que les indicaba la hora para volver a casa.

Al llegar a la aldea se encontraron rodeados de hombres, mujeres y niños vestidos de manera como sólo los turistas vestían en sus visitas a África; se azotaban con las manos donde los insectos se les paraban sobre la piel y sopleteándose sea con el sombrero de ala o un abanico.

El resto de su comunidad estaban en el centro de todas las casas donde bailaban al ritmo de su propio canto, para entretener a los turistas.

Los niños se quedaron en la orilla viendo el espectáculo y muertos de risa porque su tío Kikey les hacía muecas cada vez que el círculo daba vueltas y terminaba frente a ellos.

Cuando terminó el espectáculo, los turistas se tomaron fotos hasta que se cansaron con los bailarines, con las mujeres, con los niños, entre las casas y con las cabezas de animales muertos (algo que Johari y Sisay no entendían bien).

Al día siguiente, los niños salieron a hacer sus deberes de la mañana, sea recoger leña, moler los granos o acarrear el agua.

Kikey entró a su choza echando relajo como siempre con todos y entregándole en las manos a los niños un libro blanco.

Los niños abrieron sus páginas, ¡Eran hermosísimas!, los dibujos en ellas eran tan hermosos. Tanto Sisay como Johari adoraron sentarse y ver los detalles de los personajes, los paisajes pintados con tanta hermosura y dedicación.

¿Qué libro era? ¿De qué se trataba?

No te puedo contar, no porque no quiera, disculpa, sino porque los niños no podían leer sus palabras, estaban escritas en un idioma que los niños no conocían, créeme que los niños podían leer inglés y zulú, que es la lengua de su comunidad, además de que entendían otras lenguas, ya que en África se tiene que comunicar con muchas otras comunidades; pero la lengua en la que este libro estaba escrita era desconocida para ellos.

Su tío Kikey observó que los niños amaban ese libro, se inventó su propia historia para inspirar a los chiquitines a que se inventaran sus propias historias.

Tal fue el amor al libro, que los niños a donde iban lo cargaban con ellos, queriendo saber si sus propios inventos eran acertados a lo que el autor había escrito en ellos.

Kikey, cada vez que venía un grupo de turistas le enseñaba al guía para ver si conocía el idioma, pero muchas negaciones recibieron, hasta un día caluroso, entre los turistas un niño que estaba parado junto al guía le pidió al guía que se lo mostrara.

Así fue que ese día los tres niños se sentaron y el niñito de ojos azules y cabello rizado color oro, les contó el cuento por primera vez.

Primero leía el nene en su idioma que era finlandés y poco a poco les traducía a inglés: 

“En un país muy lejano, entre montañas, bosques y ríos, había un pueblito llamado Holula.

Holula era tan pequeño que en 20 minutos de caminar lograbas cruzar de una orilla a la otra. En ella vivían 50 personas, no más, entre las cuales 3 eran niños.

Estos niños tenían ventajas y desventajas de ser los únicos niños. Por un lado, los adultos los mimaban un montón, como si fueran una gran joya; por el otro lado, los mismos adultos siempre les decían “shhhhh”, porque hacían mucho ruido.

A los niños esto no les gustaba nada, digo la parte donde siempre les decían “shhhh”, que los mimaran obviamente, les encantaba.

Así que la solución fue construir en medio del bosque una casa de árbol a donde pudieran escapar. Así, manos a la obra, los tres niños acompañados un día por uno de sus padres, otro día por otro de sus padres, hasta que la casa quedó en pie.

Estaba lo suficientemente lejos para no molestar los oídos delicados de los adultos, estaba lo suficientemente cerca como para poder quedarse todo el día en ella retozando y volver cuando el sol se estaba poniendo.

Así, como por arte de magia, cada vez que los niños entraban en esa casa se convertía en alguna aventura increíble.

El otro día había sido un barco pirata. Los tres niños trabajaban para un capitán que los llevaba en aventuras a los siete mares y conquistaban ballenas gigantes, descubrían pirámides en las cuales se escondía un tesoro embrujado.

Ayer había sido simplemente la torre más alta de un castillo que un dragón rojo como tomate vigilaba y no les permitía salir de él.

Hoy estaban en medio de África, cazando. Los tres vigilaban desde sus matorrales a los animales a su paso, cuando de repente unos ladrones de cuernos comenzaban a atacar a un rinoceronte. Los tres niños salieron de sus escondites y ayudaron al rinoceronte, siendo perseguidos por éste, porque no entendió que lo querían ayudar.

Seguían así vigilantes, cuando escucharon unos pasos que se acercaba llamándolos, los tres a coro dijeron “shhhh”“, terminó el nene su relato.

Sisay y Johari tenían los ojos bien abiertos como platos. ¿Cómo es posible que otros niños en otro lado del mundo jueguen a cazar, como ellos, en África?

Los tres niños jugaron hasta que los adultos decidieron que tenían suficientes fotografías y partieron. Antes de irse, el niño de los cabellos de oro, les entregó otro cuento que traía en su mochila.

Así comenzó la aventura nuevamente de no saber que decían las palabras y admirar y soñar con sus ilustraciones.

Tan tan

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Créditos

  • La villa Zulu fue pintada usando como base la fotografia de Bigstock
  • Los muñequitos son mis primeros intentos después de tomar el curso en Bgm94 en Youtube

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