El Escalón Mágico

¡Feliz Año 2020!

Irene estaba harta de este año, había sido turbulento por donde ella lo viera, aunque terminaba con un suspiro de paz.

Se había peleado con su mejor amiga y ya ni se hablaban. Había roto su vestido favorito trepando a los árboles. Su mamá estaba sólo de mal humor y no se podían poner de acuerdo. Su papá viajaba un montón, casi no lo veía. Para terminar, su hermana Sofía sólo hablaba de chicos, de maquillaje, de joyas y de cosas triviales, según Irene.

El año que viene sólo puede ser mejor”, le dijo a su perrita Tita que la veía desde la otra esquina de la cama donde estaban echadas.

¿Pero cómo lograr que el año nos dé sólo experiencias buenas?, 365 días de felicidad, suena como un sueño imposible.

La siguiente noche era la última noche del año, la familia entera se iba a reunir en el rancho de sus abuelos, como todos los años.

Para ella, sin su hermana, iba a ser muy aburrido; claro que su hermana iba con ellos, pero estaba tan “en el mundo de los chicos”, que Irene se sentía muy infantil con sus juegos.

El rancho de los abuelos es grande y misterioso, hay en él cosas que Irene califica como “retro”.

Mientras los demás se alistaban para la fiesta de Año Nuevo, Irene se fue a explorar la casa. En la planta baja se encontraba una sala que nunca había visto funcionando; estaba llena de cosas que no se le permitían tocar.

Los sillones eran de madera pesada forrados de terciopelo; contra la pared estaba un mueble en el cual había un radio gigante empotrado, era tan diferente a los radios que ella tenía digitales en su casa.

Encontró también un tocadiscos que tenía tocador de casetes también, a Irene le pareció no tan “retro” porque tenía tocador de CDs también.

Al fondo de la sala descubrió una escalera que subía a la planta alta, pero como que llegaba a otro cuarto, ¿Será la cocina?

Irene no escuchaba ruido arriba, comenzó a subir por la escalera de manera sigilosa, de alguna manera sentía que estaba haciendo algo prohibido.

De pronto, frente a ella apareció una rueda de viento aunque no había viento, parecía como un filtro de esos que usaba su mamá en la cocina, sólo que éste era de aire que giraba hasta hacer un remolino enorme.

Irene se quedó paralizada un par de segundos, su mirada se dirigió a su pie derecho que yacía sobre un mosaico como cualquier otro, pero al retirar el pie, el círculo de viento desapareció.

¡Iiiireeeenneeeeee!”, escuchó de pronto desde la otra escalera, por la que había bajado; salió corriendo tras la voz, con el corazón palpitándole muy fuerte.

¡5…4….3…2…1!”, gritaron todos los parientes en unísono y una abrazadera comenzó, “¡Feliz Año Nuevo!”, se escuchaba por todos lados del salón donde estaban celebrando.

¡Felicidades, mi amor!”, le dijo su mamá cuando la abrazó, “…ahorita te vuelves a peinar, ¿ok?”, Irene se quedó con la boca abierta por el comentario.

Después la abrazó su papá “¡Feliz Año!, estás muy lejos de mí”, le dijo, a Irene cada vez le daban menos ganas de abrazar a la gente.

Siguió Sofía, su hermana, “¡Feliz Año Nuevo, enana!”, le dijo mientras le empujaba un cachete, Irene no podía más.

Muchos otros pasaron y le dejaron sus buenos deseos, finalmente le tocó el turno a su abuela, “¡Feliz Año Nuevo!, tu vestido está demasiado corto.”, Irene no pudo más, las lágrimas se le subieron a los ojos.

Salió y bajó corriendo por las escaleras, como caballo en fuga entró a la sala de abajo y sin pensarlo subió por la escalera, pisó el mosaico y cruzó por el remolino; aunque no sabía que podía pasar, no podía ser peor de lo que dejaba atrás.

La escalera continuó hasta llegar a una puerta que abrió con los dedos sudados… Terminó exactamente en el cuarto que acababa de dejar, ahí estaban todos sus parientes comiendo y platicando.

En una esquina estaba ella misma; mientras el resto de la familia estaba rodeada de por lo menos una persona, ella estaba sola comiendo.

Era unos minutos antes del conteo de Año Nuevo.

…es super linda, está simplemente pasando por una fase en la que necesita estar sola…”, escuchó la voz de Sofía que platicaba con uno de sus primos, “…si la invitas tal vez a bailar, veas lo simpática que es…

Siguió caminando hasta que encontró a su mamá con la cabeza agachada escuchando a su abuela, “…no entiendo cómo puedes dejar que Irene se ponga ese vestido tan corto, y no está ni siquiera peinada… “, le reclamó a su madre.

Con un poco de nauseas se dio vuelta, llegó hasta donde estaba su padre con uno de sus tíos “… sí, definitivamente no es fácil para la familia que yo no esté, pero sabes si hago este trabajo bien, es posible que el próximo año me den una plaza en la fábrica aquí y tenga que viajar muy poco o nada, por eso lo estoy haciendo…

Dio varios pasos hacia atrás, escuchó a dos tías abuelas desempolvando recuerdos con unas primas, “…¿Recuerdas los bailes de nuestra infancia? ¡Cómo mi madre nos revisaba después de vestirnos!, si algo no estaba de acuerdo con las reglas de etiqueta, nos mandaba de regreso o no nos permitía ir a la fiesta, especialmente Celia, la abuelita de Irene, siempre estaba castigada…

Irene comenzó a caminar de reversa buscando la puerta, sus ojos brillaban con ese brillo de una estrella fugaz.

Arrancó la puerta que estaba mimetizada en la pared, bajó la escalera corriendo, cruzó el cuarto, salió por la otra puerta y volvió a subir corriendo hasta la sala de arriba.

Se le dejó caer a su mamá con lágrimas en los ojos “¡Feliz Año Nuevo¡”, su papá estaba junto a ella, las abrazó y con el otro brazo jaló a Sofía que estaba cerca.

Se quedaron abrazados unos minutos, que se convirtieron en uno de los recuerdos más queridos por Irene.

Siempre las personas tienen una razón de ser, si tan sólo pudiéramos entenderlas.

Tan tan

Para ti, de

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Procesando…
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