La leyenda de Fräulein Hildegard

Fräulein Hildegard o doña Gardi, como era conocida, vivió hace muchos años en un pueblitito en el centro de México, no la ciudad, sino el país.

Nadie sabe más cuándo llegó Fräulein Hildegard al pueblo, pero era tan querida como cualquier otro de los folclores que existen en ese lugar.

La leyenda cuenta que doña Gardi vivía sola, no tenía a nadie que la viniera a visitar o que la cuidara cuando se volvió anciana.

Sin embargo, doña Gardi era gentil con todos los que cruzaban su paso y por eso era tan querida, no sólo en el pueblo, sino a sus alrededores también.

Los vecinos de doña Gardi la cuidaron como si fuera la abuela de sus nietos cuando entró en edad de ser cuidada, sin embargo, doña Gardi siempre vivió en su casitita con sus dos ventanas al frente, una reja baja con un mini-jardín en el que lo único que había era un pino.

México, tal vez lo has estudiado en la escuela, ha pasado por varias guerras internas, esas guerras, aparte de dejar libres a los pueblos, dejan muchos saldos de niños que no tienen padre o madre quien los resguarde.

Doña Gardi, cuidaba de ellos. Muchos de ellos terminaron viviendo en su casa, mientras ella les encontraba un mejor refugio o simplemente venían a comer o dormitar unas horas antes de seguir sus jornadas haciendo malabares o bolando zapatos.

Cuando Doña Gardi ya no pudo seguir ayudando a los niños de la calle de México por que la artritis no se lo permitía, se estaba poniendo muy triste. Los vecinos pensaban que iba a morir pronto de tanta tristeza.

Uno de esos días tristes en los que no se podía mover, doña Gardi estaba recostada en su sala mirando por la ventana el ir y venir de la calle, cuando vislumbró a una nena que la saludaba desde el otro lado de la reja.

Doña Gardi le hizo señal de que entrara, la nena no quiso entrar, asumimos que no quería molestar a la señora, sin embargo, brincó la rejita del jardín y con un listón rojo le colgó en su árbol una notita escrita por ella, volvió a saludar vigorosamente a Doña Gardi y luego siguió su camino.

Doña Gardi se sentía muy mal ese día, su pierna la molestaba mucho, así que no podía levantarse de su lecho, una lágrima le rodó por la mejilla.

Al poco rato llegó una de sus vecinas, lamento decir que el paso del tiempo ha perdido sus nombres, para acompañar a doña Gardi un ratito y ayudarle un poco con los haceres de la casa.

Doña Gardi le rogó que por favor le trajera la cartita que colgaba del pino. La vecina pero con mucho gusto se la trajo y hasta se la leyó.

“Querida doña Gardi, espero que su pierna no le duela mucho. Yo estoy ayudando a mi mamá a hacer tamales para la posada, es divertido un ratito, pero luego luego me aburro. Este año la vamos a pasar solitas y mi mamá me dijo que no esperara regalos, con lo que quiero una muñeca a quien cuidar como usted cuida a los niños. Espero pronto verla en el mercado para platicar un ratito. Xitlali”

A Doña Gardi se le pintó una sonrisa de lado a lado al escuchar aquellas palabras, pero también una lágrima en los ojos, por poder hacer nada.

Varios días pasaron, doña Gardi pudo volver a caminar y despacito hacía sus mandados y visitaba a sus vecinos o se sentaba con ellos frente a los portones a tomar el sol de la tarde.

En esas estaba un día con otra de sus vecinas contándole la anécdota de la carta, sabiendo que esta vecina tenía gran corazón y simpatizaba con los niños también, le preguntó si no le gustaría regalarle la muñeca a la nena de la carta.

“Pero, ¡claro doña Gardi!”, le contestó su vecina.

El día de Noche Buena, doña Gardi estaba muy contenta y parecía una chiquilla organizando una fiesta. Después de la misa de las 4 salió rumbo a la casa de la nena, que vivía en un vecindario en el centro del pueblo, no muy lejos de su propia casa.

Tocó y la mamá le abrió, pidiéndole que por favor pasara y se comiera un tamalito con atolito, cosa que doña Gardi hizo con mucho gusto.

“Un ángel te dejó este paquete en mi casa”, le dijo doña Gardi a la nena, que vio a su madre primero con los ojos redondos como platos soperos y al recibir el gesto de aprobación recibió el paquete, abrazando a doña Gardi, aún sin saber que había dentro de él.

“¡Ábrelo!”, dijeron las dos mujeres a coro.

La nena emocionadísima lo abrió, gritó de la emoción y abrazó a su nueva y única muñeca con todas sus fuerzas. Después se abalanzó sobre doña Gardi y su madre con lágrimas en los ojos, repitiendo simplemente “gracias” muchas veces.

La nena escribió una cartita de agradecimiento para su ángel, cosa que doña Gardi entregó prontísimo el siguiente domingo después de misa. Las dos viejitas se rieron de alegría al ver lo contentas que hicieron a esa nena.  

El año siguiente, doña Gardi, recibió no menos que 10 cartitas colgadas de listón rojo en su árbol, esta vez no vio a los niños, pero todos escribieron su nombre y, a menos que fueran dos Pacos o dos José, ella sabía bien quién era quien.

La nena no pidió más, ella estaba satisfecha con su muñeca aún y no necesitaba más.

¿Qué podía hacer doña Gardi con tantas cartitas?

Despacito y con una sonrisa de oreja a oreja visitó a 10 vecinos o amigos que sabía podían ayudar. Cada uno aportó un regalito moderado para esos niños.

Doña Gardi entregó 3 regalos, su amiga del año pasado 3 regalos y otra vecina amable y con más fuerza entregó los últimos cuatro regalos.

Por todo el pueblo se escuchaban gritos de alegría de los niños en noche buena recibiendo sus regalos del ángel.

10 cartitas regresaron en las manos de las agentes de entregas de regalos para los ángeles que habían aportado a hacer a los niños felices.

Ya sabes que pasó, ¿Verdad?

Al siguiente año más de 20 cartitas colgaban del pino de doña Gardi el primer día de las posadas. Así cada año la tradición continuó.

Hoy, aunque doña Gardi no vive más, el árbol continúa llenándose de listones rojos con pequeñas tarjetitas de los niños que no tienen más, los vecinos se las arreglan para organizar la entrega de cada uno de los regalos en sus casas antes de la Noche Buena.

Si pasas por enfrente de la antigua casa de doña Gardi, el primer día de las posadas lo podrás ver iluminado y adornado con una infinidad de cartitas.

p.s. Este cuento es mi humilde homenaje al árbol de Navidad que Caritas pone en mi ciudad donde los niños que tienen poco ponen su deseo con la esperanza de recibir un pequeño regalito.

Tan tan

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Créditos

  • La imagen de la nena está basada en la imagen de Natalia Skripto en Shutterstock

Procesando….
¡Felicidades! estás en la lista

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