El abuelo y yo, última parte

Esta es la continuación de la serie “El Abuelo y yo”, si quieres leer la tercera parte o la segunda parte o la primera parte, presiona la liga.

Nota a mis seguidores: les pido disculpas por el atraso con la última parte, estuve tirada enferma, espero que te guste.

¿Qué es eso?”, preguntó Pepino,

Algo difícil de entender”, sonrió mi abuelo, “Es un teléfono portátil

En el futuro, primero cada casa tendrá un teléfono”, le comencé a explicar a Pepino que levantaba cada vez más las cejas, “¡Sí hasta las familias más modestas!”, continué adivinando sus pensamientos, “y eso no es todo, después cada persona tendrá uno como este o parecido y podrá llamar a quien quiera a la hora que quiera”,  terminé mi explicación, ni siquiera pensando en explicarle sobre los apps y como podemos chatear todo el tiempo con nuestros cuates.

¡Zas!”, dijo Pepino y por fin pude sentir que nos creyó.

La cosa es cómo vamos a volver a nuestro tiempo, ¿ves?”, le dije yo a Pepino.

Eso no es difícil, si funcionó una vez, debe funcionar una segunda”, dijo Pepino

“¿De qué hablas?”, preguntó mi abuelo

Mañana va a haber un eclipse solar, lo leí en el periódico”, explicó Pepino.

Mi abuelo y yo nos volteamos a ver sorprendidos de alegría.

Ahora lo que tenemos que lograr es sacar el espejo otra vez sin que la bisa se de cuenta”, dije yo, empezando a hacer planes en mi cabeza.

Pepino nos veía en turno a cada uno, “¡Esto es loquísimo!”

Tenemos que planearlo cuidadosamente, no sólo que tu bisa no se de cuenta, también que hagamos las mismas cosas que hicimos durante el evento”, continuó mi abuelo.

“¡Qué tal si mi mamá invita a tu mamá a hacerle medidas para un vestido!”, se le ocurrió a Pepino.

¿Y cómo vamos a convencer a tu mamá?”, dije yo.

Eso es muy fácil”, dijo Pepino haciéndome un gesto con la mano, “mi mamá tiene un evento de la oficina de mi papá, va a necesitar un vestido definitivamente”.

Los tres sonreímos y comenzamos literalmente a tramar.

Me fui a dormir a la casa de Pepino, para que la abuela no sospechara más aún de mi presencia sin adultos.

La cama de Pepino también era un saco enorme relleno de hojas de maíz. Al movernos sonaba como si estuviera lloviendo o como si tuviéramos una gran sonaja.

Lo bueno es que estábamos tan cansado que dormimos como piedras, ni cuenta nos dimos si nos movimos o no.

Eso sí, antes de dormir y al ponerme la camiseta que me prestó Pepino en forma de Pijama, se moría de risa de mis calzones, ¡Hasta esos eran diferentes!

Antes de dormirnos la mamá de Pepino hizo pambazos para cenar. Son unos panecitos como del tamaño de tu mano, bañados en harina. Estos estaban rellenos de huevito revuelto y frijoles… estaban buenísimos, eso sí con una taza de barro rellena de un cacao humeante.

Me lavé los dientes con un dedo, no tenía cepillo de dientes conmigo, Pepino se lavó con un cepillo de dientes de madera.

Teníamos en el cuarto de Pepino una lamparita de aceite, que se fue apagando hasta que nos quedamos dormidos.

Al día siguiente nos levantamos, desayunamos unas ricas enfrijoladas con quesito, cebollita y crema por encima.

Oye mamá”, dijo Pepino casualmente, “¿Te vas a hacer el vestido con la mamá de Ambrosio?”

Pienso que sí, ¿Tendrá tiempo? ¿Qué piensas, se ve muy ocupada?”, preguntó ausente la mamá de Pepino.

¡Para nada!”, contestó Pepino aún casualmente, “la he visto muchas veces. Normalmente cuando está muy ocupada se la vive frente a la máquina”, terminó levantando los hombros, mientras yo observaba como su mamá se quedaba pensativa.

Ahorita nos vamos a buscar a Ambrosio para ver juntos el eclipse, ¿quieres que le diga algo a su mamá?“, dejó caer la pregunta mientras se metía un pedazo de enfrijolada a la boca.

¿Vas a ir?, por favor dile a Antonia que si puedo visitarla…”, empezó a decir su mamá

… ¿Qué tal que venga a verte mientras nosotros estamos allá? Así tienen tiempo”, completó Pepino.

¿Crees que pueda?

Si no, vengo y te digo, ¿Te parece?

Esta bien, suena bien, necesito ese vestido lo antes posible para poder escoger la tela y mandar a forrar las zapatillas”.

Pepino levantó ligeramente la cabeza de su plato me guiñó el ojo y luego luego se volteó a su plato, hasta podría yo creer que lo soñé, de lo rápido que fue.

Salimos de la casa muertos de risa, y yo de admiración hacia Pepino que manejó la situación sin miedo, yo hubiera estado sudando.

En la casa de Ambrosio, digo mi abuelo, nos encontramos a mi bisa saliendo rumbo a la casa de Pepino, mi abuelo ya le había pasado el mensaje.

La bisa nos dejó la puerta abierta, “recuerden no ver el eclipse de manera directa”.

El abuelo entró corriendo desde el jardín, había decidido decirle a su mamá que queríamos ver el eclipse y pedirle que nos prestara su espejo, el cual la abuela le ayudo a cargar hasta el jardín.

Benjamín vete a cambiar”, ordenó Pepino

Cuando salí al jardín, el abuelo-niño y Pepino estaban terminando de poner el espejo en posición.

Aquí tienes tu cámara”, le entregué a mi abuelo.

Tú necesitas tomar fotos con tu celular”, dijo éste a su vez

Mi celular no funciona, no sé si no tiene pila o si simplemente estamos en una época en la que no existía”, contesté.

El teléfono portátil se llama “Celular?””, preguntó Pepino sin quitarle la mirada, yo asentí con la cabeza “¡Zas!”, terminó éste con una expresión en el rostro.

!Ya comienza!”, gritó mi abuelo-niño, “Pepino será mejor que te pares en un ángulo en el que no te veas en el espejo“.

Estuvimos acomodándonos por varios minutos, hasta que encontramos la posición que se sentía parecida de cuando nos movimos de tiempo.

Pepino nos observaba desde cerca, no se veía en el espejo, sin embargo, él tenía un ángulo donde nos podía ver a los dos.

Abuelo, toma fotos”, observé yo.

¡Abuelo!”, se rió Pepino desde su esquina.

De pronto, sin que lo hubiéramos planeado, en el espejo apareció mi abuelo Ambrosio, como mi abuelo, ya sabes, de adulto.

¡No juegues!”, se escuchó la voz de Pepino por atrás, seguramente alcanzaba a ver la imagen del espejo, pero nosotros no nos arriesgamos a voltear.

Por un momento, mi abuelo-niño y mi abuelo-adulto se miraron tristes a los ojos, mi abuelo-niño, con una lágrima en los ojos movió la mirada al reflejo de su casa de la infancia.

¡Oh, oh!”, dijo nuevamente, seguí su vista, desde la cual mi bisabuela Antonia se podía ver y a Pepino corriendo a su lado.

¡Ambrosio!”, fue lo último que escuchamos antes de que todo a nuestro alrededor cambiara.

El pick-nick estaba nuevamente detrás nuestro con todos los vestigios del banquete, mi abuelo era mi abuelo, con lágrimas en los ojos.

Nos abrazamos sin pensarlo, por mucho tiempo.

¿Papá?¿Benjamín?”, se escuchó detrás de nosotros, por el espejo el reflejo de mi madre perpleja nos saludaba.

¡Mamá!”, esta vez fui yo quien corrí a abrazarme de mi madre.

El abuelo se acercó y nos abrazamos por unos minutos los tres. Mi celular hizo “ping” y nos despertó de golpe.

¿Sabes hacer pambazos como la bisa?”, le pregunté a mi abuelo Ambrosio, quien sonrió de oreja a oreja.

Tan tan

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