Leonila y la estrella

Un especial del día de muertos

Leonila, con los codos sobre las rodillas y las manos deteniéndole la cabeza, está sentada con las piernas dobladas sobre la barda del jardín que da a las pasturas.

Suspira despacio pero fuerte sin dejar de observar el campo donde los borregos pastan y le dan un baño a sus corderitos, “Imagínate cuánto se tardaría mi mamá en limpiarme con la lengua”, observa en voz alta la nena hablando consigo misma.

El día aún no despierta bien, hay una neblina delgada como si los ojos de la tierra aún no pudieran enfocar.

Está ligeramente frío, pero a Leonila no le molesta para nada.

Sin moverse, cierra los ojos como rendijas. Los borregos más lejanos parecen estar parados sobre su párpado, “es como si el mundo viviera dentro de mis ojos… pero si los abro se sale corriendo a tomar su lugar nuevamente sobre el pasto”, observa otra vez.

De pronto, Leonila se sienta erguida con las manos de cada lado de su cuerpo, deteniéndose de la barda, como si una alarma hubiera sonado.

A lo lejos, ve un a luz en el firmamento por atrás de la niebla. La luz se mueve de derecha a izquierda, como si la persona que la cargara estuviera en busca de algo, sólo que está alta en el firmamento. Se acerca más y más.

Leonila se pone de pie sobre la barda, como quien se para en la proa de un barco, bien estirada, tal vez puede ver de puntillas sobre la niebla.

La luz, por su parte, se aproxima más y más, deslizándose… ¡Oiste bien!, deslizándose por el cielo entre la niebla.

De pronto se queda suspendida en línea directa hacia Leonila.

La luz y Leonila se miran, sin parpadear, quietas, oscilando un poco.

La luz comienza a avanzar directamente hacia Leonila, parece haber encontrado lo que buscaba.

La chica a su vez sabe que la luz viene hacía ella, da un paso hacia el frente, queriendo ir hacia la luz…¡Oh Leonila se te olvidó que estabas parada sobre la barda!… “purrumpumpum”, hace Leonila al caer como saco de papas sobre el piso.

Sin prestar atención a su dolor o el susto, o sus rodillas y manos llenas de polvo, Leonila levanta la cara y ve clarito arriba de ella, pendiente del cielo, tintineando… una estrella.

Leonila se levanta con energía, se sacude las manos y las rodillas, sin dejar de mirar a la estrella.

La estrella mira a Leonila… “¿Cómo sabes?”, preguntas. No lo puedo explicar, tengo certeza y Leonila también que la estrella la mira directamente a los ojos.

Leonila de pie con la cabeza inclinada hacia atrás ve a la estrella, “¿Es a mí a quien buscas?”, le pregunta en voz clara, aunque baja, cuidando su secreto.

La estrella palpita una vez.

Leonila asume que significa , “¿Necesitas ayuda?”, vuelve a preguntar.

La estrellita palpita una vez.

¿Estás perdida?”, continúa la conversación.

La estrella palpita una vez.

De pronto, la estrellita comienza a oscilar y parpadear rápidamente.

Calma, calma… así no te entiendo”, le dice Leonila a la estrella moviendo las manos con las palmas viendo hacia el piso de arriba abajo.

La estrellita se queda quieta, aunque parece vibrar muy rápido en su lugar.

No llores, yo te voy a ayudar”, le asegura Leonila, “Vamos por partes, ¿Dónde fue la última vez que supiste dónde estabas?”.

La estrella parece girar de un lado al otro, tratando de ubicarse, de pronto echa a correr hacia el campo. Leonila por debajo, corre también en la misma dirección, persiguiendo a la estrella.

Se queda quieta, habiendo frenado muy de pronto, en un punto en particular. Leonila llega corriendo, inclinándose sobre sus rodillas, respirando muy rápido.

Había llegado hasta el Sauce Llorón ubicado en el centro de la pastura, donde hay una casita que sus padres usan para guardar la comida de los animales, así como palas y picos.

Leonila va recuperando la compostura después de la carrera y viendo a su alrededor. Cuando lo logra, se yergue y camina alrededor de la casita, arriba la estrella se desliza sobre de ella.

Leonila termina su vuelta y se queda mirando a la banca blanca frente a ella. Los ojos se le llenan de lágrimas.

La estrella comienza a palpitar muchas veces, suavemente, en el ritmo del corazón. Leonila entre las nubes de sus ojos la mira, “Gracias, por tu consuelo… la extraño mucho ¿sabes?”.

Okay, aquí te encontraste por primera vez, ¿sabes qué buscabas aquí?”, le preguntó limpiándose los ojos con el brazo.

La estrella palpita dos veces… después palpita rítmicamente como antes.

Ajá, aquí te sentiste segura, tranquila”, traduce Leonila, “¿Sabes por qué saliste de aquí?”.

La estrella comienza a palpitar rítmicamente, aunque más rápido.

No entendí muy bien… ¿Sentiste la necesidad de encontrar algo?

La estrella palpita una vez, viendo fijamente a Leonila

¿Me buscabas a mí?, pero, ¿Por qué?

La estrellita comienza a palpitar en un ritmo suave, profundo, se gira hacia la derecha y se desliza, volviendo el mismo camino que habían recorrido, sólo lentamente esta vez.

Pensativa, parece observar desde arriba todo el lugar. Antes de llegar a la barda, se gira hacia la derecha de la casa y se dirige sobre el camino, alejándose de la casa.

Leonila la sigue, observando cómo la estrellita parece estar siguiendo sentimientos. Se queda de pie (es un decir) sobre un árbol caído en medio del camino.

Leonila observa el árbol. La estrella palpita muy fuerte una vez. Leonila levanta la vista y ella vuelve a palpitar una vez.

¿Quieres que me siente?

La estrella palpita 2 veces.

¿Quieres que me trepe a las ramas?”, la estrella palpita dos veces y luego palpita una vez largamente. Se mueve de manera que ilumina un hueco, que parece el nido de un búho en el tronco.

Leonila mete la mano y encuentra una cajita de madera labrada.

Los ojos se le llenan de lágrimas nuevamente. La cajita la reconoce, era de su abuela Felipa, su abuelo se la había labrado para su aniversario de bodas hacía muchos aniversarios.

La estrella comienza a palpitar suavemente. Leonila se sienta sobre el árbol y abre cuidadosamente la caja.

Adentro hay varias cosas, que Leonila sabe le pertenecían a su abuela y un sobre pequeño. La estrella palpita encima de ella, abrazándola con su luz.

Leonila abre el sobre y se encuentra una hoja doblada y una ramita de lavanda, la flor favorita de su abuela Felipa.

Querida Leonila,

Si esta carta está en tus manos, quiere decir que ya decidí irme. Mi luz brilla sobre ti, aunque tú no me veas, siempre estaré a tu lado.

Estos recuerdos son ahora tuyos, así, el recuerdo de tu abuelo, de tu mami cuando era niña, de ti misma cuando naciste y otros tantos recuerdos, vivirán ahora en tu corazón.

Te amé mucho en la tierra, te amaré por siempre ahora como luz en tu camino.

Tu abuela Felipa

Las lágrimas se habían soltado sobre la carita de Leonila. Levanta la cabeza hacia la luz apenas visible en el firmamento que comenzaba a desvanecerse con el calor del sol, “¿Abuela?”, una vez palpita la estrella palpita por última vez y desaparece tras los rayos del sol.

tan, tan

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