Un sueño de aventuras

Esta era una vez un nene que vivía con su abuelita en un pueblito pequeño.

La abuelita tenía un jardín muy bonito en el que cuidaba flores, cultivaba tomates, elotes y frijoles. Además, en el jardín, un naranjo y un durazno les regalaban su fruta.

El nene ayudaba a su abuelita como podía. Se levantaba temprano para ayudarla a colectar la cosecha, después ayudaba a barrer, ayudaba en el jardín y finalmente en la casa, con los trastes y colectando madera para la chimenea.

En los días de buen clima, su abuelita le permitía ir al río con su amigo que vivía en el mismo pueblito.

En el río tenían una balsa que habían construido ellos mismos, amarrada a dos árboles en ambas orillas; así, flotaba como si fuera un puente cruzando las aguas del río.

Agarrándose de la cuerda que sostenía la balsa, los nenes pasaban colgados por el agua hasta llegar a ella.

Chapoteaban en el agua hasta que los labios se les ponían azules y los dedos arrugaditos. Después se sentaban sobre la balsa a calentarse con el sol y comerse el almuerzo que la abuelita les había preparado.

Este nene sentía que lo tenía todo. Una casa, comida, trabajo, un buen cuate… Lo único que él sentía que faltaba, era poder leer.

¿Te imaginas caminar por la calle, no poder leer el nombre de ella y por lo tanto no saber dónde estás?, o ¿No saber cómo es escribe “naranja”?

Este nene no podía hacer ninguna de esas dos cosas.

Su amiguito le ofreció enseñarle. Así que pronto mientras se secaban como lagartijas al sol, los niños leían Tom Sawyer juntos. El nene con el tiempo comenzó a escribir y finalmente pudo leer libros que su amiguito le prestaba.

Descubrió entre los libros aventuras de niños y niñas que solos navegaban por el mundo. Descubrió piratas, barcos, caballeros, princesas, ladrones y aventuras de otros mundos.

¿Sabes qué pasó?… Comenzó a soñar y a desear ser uno de esos aventureros del mundo o el universo.

Cuando la noche llegaba, se echaba de panza con las piernas dobladas hacia arriba sobre el tapete frente a la chimenea.

Su abuela se sentaba en su mecedora y comenzaba a remendar, tejer o bordar; él le contaba o leía sus cuentos favoritos.

¿Tienes una idea de qué aconteció ahora?… La abuelita comenzó a soñar y a querer ser una aventurera.

Ella había vivido muchos años en esa casa. Personas se habían ido de su vida, así como habían venido. Lo más lejos que había viajado era al siguiente pueblo. Literalmente había nacido, crecido y vivido toda su vida en esa casita junto al bosque.

Una mañana de primavera, cuando el jardín apenas comenzaba a despertar del sueño del invierno, lo despertó el toque suave de su abuelita, que lo veía con ternura, una sonrisa y dos mochilas repletas de comida, cambio de ropa y dos sacos de dormir.

Con una sonrisa de lado a lado y los ojos redondos como platos el nene salió disparado de la cama; y de la mano salieron a buscar aventuras.

tan tan

Para ti, de

Recuerda de compartir esta historia, eso es, si te gustó. Déjame tus comentarios, ¿Qué es lo que más te gustó? Sígueme en Instagram, Facebook o Pinterest @federicamiross o mádame un email: federicamiross@outlook.com

4 comentarios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios .